La otra cara de la política
Al fin, y por fin, ya se han terminado los largos e interminables días en los que, desde el pasado 15 de febrero, fecha en la que el presidente Sánchez anunció la convocatoria de elecciones generales, los españoles quedábamos emplazados a una maratoniana cita con las urnas: las legislativas, convocadas para el 28 de abril, y las autonómicas, municipales y europeas para el 26 de mayo. Afortunadamente, ya han quedado atrás, protagonizadas por el cada vez más creciente y variado espectro político que pulula por nuestro país, toda una serie de insufribles mítines cargados de sofismas, falsas declaraciones de intenciones, embaidoras promesas, y todo tipo de estudiadas argucias..., concebidas y encaminadas a conseguir, al igual que en la fábula del flautista de Hamelín, el mayor número de seguidores posibles adeptos a su causa, para que, al final, una vez logrados los votos de los incautos ciudadanos, y, por ende, las armas necesarias que abren la posibilidad de alcanzar cotas de poder, los auténticos beneficiarios de toda esta trama, los políticos, hagan de su capa un sayo, se olviden de todo lo dicho y con exacerbada impudencia vayan a lo suyo, lo de siempre: conseguir el mayor número de sillones en los que colocar a sus prebostes y demás adocenados personajes para disfrutar de las jugosas canonjías que les otorgue el cargo, al precio que proceda y a costa de lo que sea. Todo lo demás: las ideologías, las promesas electorales, los programas con los que se presentaron a los comicios y toda la parafernalia que se quiera añadir no son más que las reglas del ceremonial, o sea, los medios que justifican el fin. Los intereses de aquellos que, con su sufragio, les permitieron alcanzar las metas propuestas, quedarán en un segundo plano, cuando no en el más absoluto olvido; algo secundario que carece de la más absoluta importancia.
Las erráticas y estólidas negociaciones, dizque políticas, que, en todos los órdenes y a todas las bandas, han tenido lugar en los últimos días para repartirse el poder municipal en toda la geografía de nuestra piel de toro, con apócrifos discursos, sorprendentes maniobras y extravagantes propuestas, traducidas finalmente en los consabidos pactos, algunos impresentables, que, en no pocos casos, hieren el más elemental sentido de la razón, justifican lo antedicho, y hacen de la política, no la actividad para gobernar los asuntos que afectan a la sociedad y al país, sino un instrumento de poder al servicio de unos pocos, con absoluto desprecio a los intereses generales del resto de los ciudadanos, precisamente aquellos que están obligados a sostener con sus tributos todo el sistema. Esa es precisamente la otra cara de la política, la más oculta y oscura, sin duda; pero, al mismo tiempo, y desgraciadamente, la más real.
En el día de hoy, con todas las nuevas corporaciones locales decididas, y a falta de lo que nos depare las negociaciones para la formación de los gobiernos de los parlamentos autonómicos que correspondan y, finalmente, el de la nación, seguro que muchos ciudadanos estarán pensando en que, a la vista de los acontecimientos y sintiendo que han sido objeto de auténtico ludibrio, quizás se equivocaron al emitir su voto. Por delante quedan otros cuatro años para volver a las urnas; pero, a buen seguro, una vez que esto suceda, volverá a pasar lo mismo. En fin, "errare humanum est", aunque también cabría añadir que "perseverare diabolicum".
Constantino Díaz Fernández
Oviedo
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

