Señor Barbón, edúquenos bien
Señor futuro presidente del Principado, el motivo de esta carta es pedirle que, a la hora de repartir las carteras "ministeriales", actúe como el buen gestor que se espera de usted, antes que como miembro de la corriente del PSOE que le aupó a la Secretaría General del partido en Asturias. Es por ello que, supongo, tendrá usted que hacer los pagos convenientes, porque de bien nacido es ser agradecido, y en la lista de consejeros tendrá que meter a algunas de las personas que se partieron el pecho por usted.
Por eso le ruego que sea prudente y empiece a gestionar el Principado, desde ya, con esa lista. Y en esa lista tiene que repetir, aunque no sé si le apetecerá o no, no tengo ni idea, el actual consejero de Educación, Genaro Alonso Mejido. Tampoco sé si es de su misma corriente socialista. Pero eso no importa. Tiene que repetir porque él ha demostrado, a lo largo de estos últimos 4 años, ser un buen gestor. Yo he trabajado en la enseñanza durante 33 años en Asturias y le informo, porque usted es muy joven, que desde Montes hasta la fecha, no ha habido consejero o consejera de Educación mejor. Ha limpiado la casa y le ha devuelto el prestigio. Y ha luchado por la Enseñanza Pública denodadamente, dedicándole más de 24 horas diarias, con rigor, pragmatismo y sabiduría.
Yo lo conozco, por su primera faceta de inspector de Educación, desde hace más de 20 años. Y puedo decirle que ya, como inspector de Educación, era el mejor. Para mí, claro. Y he conocido a varios. Siempre se ha mojado, siempre ha sido coherente con sus ideas y siempre ha estado ahí para echar un cable. Como inspector y como consejero. Supongo que también como docente, aunque yo lo llegué a conocer en esas tarea.
Además, y sobre todo, es inteligente. Y eso es lo que se le pide a un amigo, un superior, un jefe..., un consejero. Por eso ha sabido rodearse de gente competente, que ha estado a su lado a pesar de sus arranques de autoridad, que también los tiene, porque no es perfecto, como usted y yo. Pero es lo que se le pide a un jefe: que tenga autoridad y que tome decisiones. Y él las ha tomado.
Como le digo, yo lo conozco desde hace más de 20 años, conozco todos los proyectos que ha llevado a cabo desde la Inspección de Educación (ya no hablo de su labor como consejero) y tengo el honor de ser su amigo, no de su círculo íntimo, pero sí de su amplio universo de amistades.
A lo mejor esta carta es contraproducente y acabo de perder mi amistad con Genaro, pero soy persona de impulsos y tenía necesidad de gritárselo al mundo y, en particular, a usted. Empiece con buen pie, Sr. Barbón, y no cambie el paso.
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