La humildad necesaria
Sobre el vídeo de los MIR. Queridos compañeros:
Habéis metido la pata. Es el momento de mostrar humildad y valentía. Humildad para reconocer un error al que se le puede atribuir la gravedad que crea cada cual, pero que obviamente no debió trascender a las redes sociales. Valentía para dar la cara inmediatamente y pedir disculpas a quienes justamente se hayan sentido ofendidos. Lo que habéis hecho no es nada nuevo. Recuerdo un libro de Maxence Van der Meersch, “Cuerpos y almas”, en cuyas primeras páginas se narra el clima bromista entre los médicos internos de un hospital. Vuestro vídeo palidece ante las páginas de este autor. Quiero decir, durante el ejercicio de la medicina, se respira un ambiente entre la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, con una toma constante de decisiones que a menudo nos sobrepasa. Como humanos que somos, en ocasiones necesitamos una válvula de escape en este ámbito de trabajo. Vuestra intención no era la de hacer daño, sino abordar el ambiente sanitario con un aire festivo. ¿Qué habría ocurrido si este vídeo se hubiese grabado antes del acceso tan fácil y tan anónimo a las redes sociales? Seguramente nada, aunque el vídeo en sí es indefendible. Queridos compañeros, yo soy médico (siempre se es médico aunque uno esté jubilado), debéis reconocer el error, el asunto se ha ido de las manos, y por favor pedid disculpas públicamente por el daño colateral que se haya podido causar a algún paciente, al que estoy seguro, si lo tenéis delante, vais a hacer todo lo posible por curarle. Que esta tontería no signifique un frenazo en vuestra carrera profesional. De humanos es equivocarse y de humanos es disculparse. Toca bajar la cabeza. La ética profesional y la ética médica así lo exigen. Hay algo que debéis recordar: la humildad es un atributo inseparable del buen profesional, y más en el entorno sanitario.
Luis Quiñones Ortiz
Oviedo
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