Reírse es terapéutico
Soy médico, joven y enfermo. Características que creo que aportan en mí una visión con cierto valor respecto a los comentarios que se pueden leer estos días por la "polémica del servicio de urología".
1) Como médico me gustaría hablar de los signos clásicos de Celso, desde un punto de vista más metafórico que clínico: el dolor, el tumor, el rubor y el calor que caracterizan la inflamación pueden verse reflejados hoy en mi gesto cuando leo o escucho ciertos comentarios. Hablar con tanta gratuidad de "falta de altruismo", "humanidad", "afabilidad" de colegas, que de sobra conozco, o de "suspensión de empleo y sueldo" de profesionales tan sumamente formados y escasos en nuestros días me parece como menos temerario y perverso.
2) Como joven médico que tengo reciente la residencia tengo especial empatía por mis compañeros. Sé perfectamente lo que son las guardias interminables, las tardes no remuneradas, los quirófanos con escasas horas de sueño encima y todo ello soportado, y llevado a cabo con garantías, no por un sueldo astronómico (sino mileurista de base) sino más bien por la fortaleza, vocación y ánimo que aporta la juventud alimentada, cómo no, por el sentido del humor.
3) Como enfermo diagnosticado hace escasos días y tratado por el servicio de urología solo puedo dar signos de agradecimiento. A todo el personal sanitario con el que me he cruzado y a todos los compañeros que me han mostrado un apoyo que ha superado cualquier expectativa, mil gracias.
Soy crítico y entiendo que el vídeo difundido estos días por los medios (con alta carga amarillista y tendencia "clickbaitera" por qué no decirlo) es desafortunado. Claramente no debería haber trascendido el ámbito privado para el que se produjo.
El humor es terapéutico y una herramienta que nos ayuda a poner en contraste aspectos de nuestra vida que en muchos casos son muy dolorosos. El humor relativiza. Del humor depende en cierta medida nuestra salud mental. El humor tiene que servir de fundamento de nuestra vida y más en empleos como el que hemos elegido, donde debemos encarar la ansiedad, la senectud, el declive, la enfermedad y la muerte como último destino inapelable.
Carlos Rodríguez
Llanera
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