Dos muertes inexplicables
En menos de un mes Oviedo vivió las convulsas noticias de la muerte de dos ciudadanos, jóvenes ellos, uno de 43 y el otro de 33 años, ambos vecinos de la ciudad. Dichas muertes fueron provocadas por actos violentos, la primera por atropello con vehículo y la segunda por una agresión por una patada recibida de otro joven de 18 años, consecuencia de la cual perdió el equilibrio y cayó al suelo, recibiendo un segundo golpe en la cabeza, cuyos dos golpes le provocaron graves lesiones cerebrales que acabaron con su vida. En ambos casos tanto el conductor del vehículo causante del atropello como los tres agresores de la segunda víctima se ausentaron del lugar de los hechos sin auxiliar a sus víctimas. De los dos sucesos se hicieron eco los medios de comunicación regionales y nacionales. Asimismo, en las redes sociales se registraron comentarios con opiniones para todos los gustos.
El propietario del vehículo del atropello está en libertad, a pesar de la gravedad del delito cometido, pero según parece presentó una buena coartada. Tras negarse a prestar declaración ante el juez se dijo que él no conducía el vehículo en ese momento. Días más tarde emitió un comunicado pidiendo perdón a la familia de la víctima, incluso llegó a decir que se cambiaba por el difunto. Se ve que el remordimiento le carcomía la conciencia. Hay un detalle en este accidente que puede dar lugar a una atenuante, y es que el hombre atropellado cruzaba la calle por un lugar indebido, cuando a pocos metros había un paso de peatones regulado con semáforo. Hay otro detalle que añade todavía más dolor a la tragedia, ambas víctimas eran amigos.
En el segundo luctuoso caso se trata de un joven profesor muy conocido en diversos medios ciudadanos en Oviedo y en su pueblo natal, Cudillero. Durante su larga agonía, el causante de la agresión y sus compañeros de aventura estuvieron callados a la espera de noticias. Cuando se produjo el fatal desenlace se vieron acorralados por la Policía por sus comentarios en redes sociales sobre el suceso que habían protagonizado. Ese mismo día, acompañados de un abogado, este es otro protagonista más, se presentaron en Comisaría, declarando ser los autores de la agresión, dando los correspondientes detalles de lo ocurrido. Eso sí, dando la versión que más les favorecía, bien aconsejados por su abogado. Al mismo tiempo también prestaron declaración en Comisaría las dos mujeres que acompañaban a la víctima en el momento de los hechos. Otros testigos que los presenciaron también prestaron declaración. La versión dada por estas personas no coincide en su mayor parte con la que dieron los agresores. A la vista de todo ello, la juez instructora del caso envió a prisión al autor de la patada a la víctima y a los otros dos agresores los dejó en libertad con cargos, por denegación de socorro a la víctima.
El informe de la autopsia del profesor de Cudillero ya obra en poder de las partes, según manifestó el abogado de los encausados, y este ilustrado defensor ya dictó sentencia. El agresor solo le propinó a la víctima una patada, y recibió otro golpe al caer al suelo, queriendo decir con esto que la muerte no se produjo por esa patada sino por el segundo golpe, que ocasionó los consiguientes daños que dieron lugar a su muerte. Dos cosas habría que preguntarle a este defensor de causas perdidas, ¿cuántos golpes hay que darle a una persona para que se muera? Y si esa patada no hubiese impactado en el cuerpo del agredido, ¿se hubiese caído al suelo? Dice que la víctima solo recibió un golpe del agresor, pues fue lo suficiente para acabar con su vida.
La muerte de las personas se puede producir de varias formas. Por enfermedad, accidente, muerte súbita o por voluntad propia, el suicidio. Estos dos casos ocurridos en la ciudad no tienen explicación, ya que se trataba de dos personas normales, con mucho futuro y muy conocidas en los ámbitos sociales que frecuentaban. Solo las personas inconscientes de sus actos pueden causar el daño que recibieron Mamel Castañón y David Carragal.
Ángel Muñiz Fernández
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