El cine mudo y la I Guerra Mundial
Recientemente hemos visto aquí cómo el cine sonoro y la República fueron coincidentes en nuestro carpetovetónico país, y hoy lo vamos a hacer y recordar con el cine mudo. Este creo que dio sus primeros pasos en el inicio de la década del siglo XX, que dio paso a la I Guerra Mundial (1914-1918), que dejó tras de sí muertes y destrucción. Que se repetiría 21 años después con la II Guerra Mundial (1939-1945), que fue mucho peor, con genocidas y exterminios de personas por millones. Confiemos que la Unión Europea, hoy, haya acabado para siempre de tanta destrucción y muerte. Y que nuestro continente europeo sea un ejemplo de paz y de unidad de pueblos y sus gentes, si los extremismos, populismos y fascismos no acaban con todo ello.
Pero volvamos al cine mudo, que también asombró al mundo, al ser tan novedoso y sorprendente. Las películas se proyectaban con letreros (que te volvían loco para ver y leer, simultáneamente, textos e imágenes), y en la sala de cine el silencio lo rompía la música chillona de una pianola. Bueno, en realidad el silencio lo barrían los de general o “gallinero” con sus voces y griterío cuando la cosa se liaba a tiros o puñetazos o la mocina y el mocín se pegaban un besazo a rosca. Aquellos actores lo eran de verdad porque a la carencia o falta de la palabra sonora, ellas y ellos lo suplían con una buena interpretación. En los años treinta, que uno vivió aquel cine mudo, ya en sus postrimerías, la sesión infantil, a las cuatro de la tarde, costaba quince céntimos general y treinta butaca. La función de noche, a las diez, era más cara. Los céntimos entonces, que era la moneda usual, tenían casi más valor que los euros hoy. Con una peseta se pegaba uno, un domingo, la vida padre.
Muchos son los actores que nos quedan en el tintero del olvido, pero sí recordamos a los del cine cómico, pero antes hubo otros no menos importantes como Pitouto, Sandalio y Tomasín, éstos ya del primer cine mudo de los años diez y veinte. Y no olvidemos a Harol Lloyd, que fue genial. Aquel cine cómico ya es historia; el de hoy es un humor ácido y con muy poca gracia. El verdadero cine de humor se fue con el Gordo y el Flaco (Stan Laurel y Oliver Hardy) y los Hermanos Marx. El cine de humor o cómico, hoy, no merece más comentario.
Ricardo Luis Arias
Aller
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