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Eclesofobia y laicismo

23 de Junio del 2019 - Fidel García Martínez (Gijón)

La Constitución española vigente no defiende en ningún artículo la laicidad negativa (laicismo), sino todo lo contrario, en el artículo 16 legisla de forma clara: Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y de las comunidades, sin más limitación que las que exige el mantenimiento del orden público. En el mismo artículo 16 se legisla: ninguna confesión tendrá el carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y demás confesiones religiosas.

La situación política de España en relación con la presencia de la religión en la vida pública es realmente sorprendente, si se tiene en cuenta la realidad europea hoy. Mientras en Europa las relaciones entre los estados y la Iglesia, incluidos aquellos países que durante décadas la Iglesia ha estado proscrita y perseguida por la dictadura comunista, han logrado con muy buen criterio normalizar las relaciones diplomáticas con la Santa y una sana y provechosa colaboración; garantizando la presencia religiosa en las escuelas y en los centros públicos, permitiendo que la Iglesia desarrolle libremente su misión.

En Asturias, donde poseemos una de las más largas e intensas tradiciones cristiano-católicas del mundo, vuelve el anticlericalismo anacrónico, propio del siglo XIX. Todos los partidos populistas y demagógicos han proclamado la necesidad de excluir la religión de todos los lugares públicos desde la escuela concertada hasta los hospitales, pasando por cárceles o cualquier otra presencia de los cargos públicos en acontecimientos religiosos sean los que sean, incluidos los funerales de Estado por las víctimas del terrorismo.

Por eso resulta llamativo que algunos partidos en Gijón reclamen un reglamento que vele por la libertad de conciencia, un futuro reglamento orgánico de laicidad con el objetivo de establecer un marco municipal. Se trata de un claro oportunismo político. No parece existir en España una aversión hacia la religión, aunque no dejan de producirse profanaciones satánicas y robos sacrílegos en iglesias, conventos, así como insultos y descalificaciones contra el clero, sino más bien se presenta la laicidad como un mero oportunismo por algunos partidos políticos. De hecho, algunos que han estado en el poder durante varias no han hecho nada para cambiar la situación. Esta aparente preocupación por la laicidad ha surgido con motivo de la toma de posesión de los ministros actuales, todos han prometido acatar la Constitución sin la presencia de símbolos religiosos. En la actualidad no hay ninguna ley que prohíba la presencia de esos símbolos. Por lo que tan desacertado sería forzar a tomar posesión delante de determinados símbolos como impedir que lo hagan. El tomar posesión con la presencia de símbolos religiosos responde a una tradición que no debe considerarse contra la confesionalidad del Estado, como la presencia de los cargos públicos en actos municipales. El reglamento de laicidad que pretende IU inspirado en la ideología de la llamada Asturias laica pretende relegar la religión a la esfera de lo privado y sentimental. Se da una clara e interesada confusión entre laicidad del Estado y sociedad laica. La laicidad del Estado está al servicio de una sociedad plural en el ámbito religioso. El Estado laico se sitúa como garante de la libertad, mientras una sociedad laica implica de facto la negación del hecho religioso, o por lo menos de vivir la fe en sus dimensiones públicas. La laicidad del Estado requiere separación y neutralidad, pero no puede suponer ni pretender en ningún caso hacer que la sociedad sea laica. Como afirma el Papa Francisco, la laicidad del Estado reclama una correcta relación entre religión y sociedad, razón y fe y si fuera necesario purificarse de los extremismos ideológicos.

El Estado español no es laicista, sino aconfesional, es decir, que ninguna confesión religiosa es gubernamental. Como defiende el Papa Francisco, el Estado debe ser aconfesional, porque la confesionalidad estatal causa males y están en contradicción con la Historia. La laicidad positiva supone que la Iglesia católica en su misión esencial anuncia el evangelio en libertad e independencia de los poderes civiles, pero en colaboración con el Estado para conseguir el bien común, laicidad negativa.

Fidel García Martínez, catedrático de Lengua, Literatura, licenciado en Ciencia Eclesiástica,

Gijón

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