Comuniones en Pola de Siero
Con frecuencia no nos damos cuenta de la importancia de las cosas cuando las hacemos y más aún cuando somos niños de 8 años que tendemos a magnificar o distorsionar los hechos. Nos dejamos llevar. Nos basta el testimonio de nuestros padres y cuando vemos que éstos, según sus posibilidades, están dispuestos a tirar la casa por la ventana, en el sentido figurado del término, para hacer que ese día quede marcado en nuestras vidas, como algo especial, grandioso, aunque con el correr del tiempo se nos olvide si fue el 9 o el 16 de junio, es que mi primera comunión es algo importante, clave en mi vida, y es que ese Jesús que late en nosotros desde el bautismo toma a partir de hoy, mi primera comunión, mi primera eucaristía, una presencia más activa, más próxima, más exigente, pero también más amorosa en mi peregrinaje por la vida, y de ello van a ser testigos mis padres, familia, amigos y vecinos, feligreses todos. Jesús, el hijo eterno del padre Dios, va a ser mi amigo, mi compañero de viaje. Trátale bien, Él nunca falla, Él siempre va a estar muy pendiente del ti, sólo te pide que le escuches, que te acuerdes y fíes de Él.
Estas reflexiones vienen a mi cabeza ahora que ya se han celebrado casi todas las comuniones en todas las parroquias de España –214.271 bautizos, 229.602 primeras comuniones, 136.503 confirmaciones, según informa la propia Iglesia…– y después de asistir a misa de primera comunión el pasado 9 de junio en la parroquia de San Pedro de Pola de Siero y antes que se celebre el Corpus Christi en la localidad, el domingo, 22 de junio. Pensamientos que vienen a uno después de tener cierta edad y la experiencia que dan los años, después de comprender que a veces oímos, pero no escuchamos, que miramos, pero no vemos, que leemos, pero no captamos, y es que hay textos, pocos, muy pocos –quizás uno– que cambian de mensaje según la edad e incluso diría que, exagerando, según el tipo de comida y temperatura ambiente, y eso a mí me pasa siempre que releo el evangelio y más aún con el Antiguo Testamento, y es que la Biblia tiene la peculiaridad, según mensaje recibido, que el autor siempre que te acompaña cuando la lees y la ventaja añadida de saber que el protagonista, Jesús, es mi amigo, mi escudo, mi roca protectora, y con un amigo así se habla de todo, de éxitos y fracasos, alegrías y tristezas, de aprobados y suspensos, de lealtades y faenas, que de todo hay en la vida, y es que como dice San Pablo en su Carta II a los Corintios, “si hay que gloriarse de algo, yo me gloriaré de mi debilidad”. Si partimos de esta premisa paulina estamos en condiciones de enfrentarnos a la vida con cierta dignidad y garantía.
Os debía estas palabras después de mirar el cuadro de mi primera comunión que a pesar del paso de los años, más de cincuenta, aún cuelga de la pared de mi escritorio y tiene un protagonismo importante en mi vida. Él me marca aciertos y fallos, exigencias y metas, y a veces me anima, me consuela, cuando comparo el niño de entonces con el adulto de hoy, y me dice que aún debo mejorar, que tengo que volver a ser el niño que fui, y es que si no San Pedro no me abre la puerta del Cielo, meta de todo cristiano. No hace mucho me encontré un texto del conocido humorista Miguel Gila que insistía en la misma idea y decía: “A veces pienso que me gustaría seguir siendo un niño para no tener que vérmelas con los problemas del día a día. El niño no es rencoroso, no trata de molestar a nadie. La vida sería mejor si todos nos sintiéramos más niños y un poco menos oficinistas”.
Podría añadir más argumentos que avalen mi tesis, pero vais a permitirme que acuda a un testimonio humano, inesperado, de un hombre de a pie que escuché hace unos meses en un programa de la TPA, titulado “A Cai/La Calle”, que se transmitía desde Salas. La locutora recorría las calles principales de la localidad y a un hombre de mediana edad, de poco pelo, canoso y de rostro curtido, le preguntó:
- ¿Cuál ha sido el día más feliz de su vida?
Y él con esa sinceridad de las personas humildes, sencillas y sanas, sin perjuicios, dijo:
- El día de mi primera comunión.
Sé que una respuesta parecida, aunque quizá no tan contundente, está en la cabeza de muchos de nosotros, que reconocemos que ese día ha marcado y marca nuestras vidas. Contestaciones como esta explican tus nervios y las preocupaciones de tus padres. A los hechos me remito. ¡Que Dios os proteja y me proteja!
José Antonio Noval Cueto
Pola de Siero
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