Fiesta del Corpus Christi
En muchos pueblos y ciudades de nuestra España se ha vivido con solemnidad, esplendor e intenso carácter festivo la celebración del "Día del Señor", como tradicionalmente se ha llamado siempre, unida a esta otra denominación del "Corpus Christi".
Ojeando los diarios, tanto los provinciales como los nacionales, se observa que nuestras tradiciones -de honda raigambre cristiana- están bien ancladas en el marco de las fiestas populares. En la mayoría de las ciudades y pueblos los ciudadanos, en gran proporción, viven de una manera sencilla, natural, espontánea y alegre estas festividades.
Su carácter cristiano no es obstáculo para que la vivencia sea generalizada, llena de esplendor, religiosidad y de hondura sentimental y emotiva. Otra cosa nos quieren hacer ver los sembradores de odios y rencores, de separatismos e intransigencias.
Por ejemplo, las fiestas de la Virgen en España se viven con una intensidad tal que no sería posible hacerlas desaparecer, y esto se debe a que estas fiestas tienen no solo un carácter festivo como su nombre indica sino que además tienen un carácter hondamente espiritual que nos traslada a la intensa vivencia de ese Dios que por amor está siempre a nuestro lado. Dios no se ve pero se siente siempre en lo recóndito de nuestro corazón.
Por lo tanto esta fiesta del Corpus Christi es un nuevo motivo de alegría, pues vemos cómo nuestro pueblo español deja a un lado lo político y se sitúa al lado de sus vivencias y de sus creencias más profundas.
Algunos opinan que en estas celebraciones no hay sentimiento religioso; indiscutiblemente la profundidad del sentimiento no es igual en todas las personas, pero todos la viven: cada uno a su manera, sin que el más creyente se sienta discriminado por los menos creyentes, ni al contrario.
En estos días Cristo Eucarístico ha vivido en nuestras calles, y esto ha dado fortaleza y un sentido especial a nuestras vidas tan llenas de regocijo, de paz y de amor, pero en otras tantas ocasiones tan faltas de autenticidad y de virtud.
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