Qué bonito...
"Qué bonito tu pelo negro, qué bonito tu cuerpo entero... Qué bonito mi amor todo tu ser, sí tu ser." Qué bonito es el ser de las cosas. Qué bonito el ser humano, único y original cada vez, con cada nuevo individuo. Qué bonita la capacidad que tenemos de ir embelleciéndonos con la vida. Sobre todo el alma, siempre mejorable por la libertad y fruto del amor. Qué bonito ese deseo que mueve nuestra voluntad. Qué bonito cómo el cuerpo, destinado a la decrepitud de lo material, puede reflejar la siempre nueva belleza del alma. "Qué bonito cuando me hablas, qué bonito cuando te callas. Qué bonito mi amor sentirte aquí, junto a mí." La mirada. Siempre me ha impresionado la mirada que vuelca fuera el alma entera. Tanto que a veces uno no puede mantener la mirada del otro que invade la propia intimidad o nos introduce en un mundo nuevo, la intimidad del otro. Tanto que a veces uno quiere vivir en la mirada del otro para, como dice Miguel Hernández, dejarse vivir por él y conocer a través de éste mundos nuevos.
Qué bonito que la capacidad de embellecer mi alma repercuta en el resto. Que yo no sea sólo yo sino que de mi actuar dependa en mucho una nueva intimidad. Qué bonito vivir en los pronombres, en el tú y el yo. Qué bonito el ser humano que puede acoger con la sonrisa, con las caricias, con la palabra, con el señorío y el saber estar y decirle al otro su valía y animarle así a brillar más.
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