No todos salimos del olvido
"Estudiantes 'diez' que salen del 'olvido'. Nueve alumnos asturianos reciben con hasta seis años de retraso el premio nacional fin de carrera: algunos presentarán su tesis en días". Así rezan el titular y la entradilla del artículo de LA NUEVA ESPAÑA, publicado el jueves 27 de junio de 2019, que habla de los premios nacionales fin de carrera, entregados en Madrid el pasado miércoles por el ministro de Innovación, Ciencia y Universidades, Pedro Duque.
Desde San Francisco (Estados Unidos) leo esta noticia con ilusión al ser uno de los premiados, con curiosidad por saber qué habría contado a la prensa asturiana mi padre, quien acudió en mi lugar a recoger el premio (el Ministerio no financiaba el viaje hasta Madrid). Sin embargo, tras leer varios párrafos dedicados a siete de los nueve premiados de la Universidad de Oviedo, en los que se refiere su trayectoria tras salir de esta, me encuentro con un "También fueron premiados los ingenieros Alberto Cocaña Fernández e Illán García Amor".
Al principio trato de pensar: "Bueno. Yo no estaba allí. Será por eso que no han escrito nada sobre mí". Sin embargo, tras releer el artículo, me di cuenta de que otra de las premiadas, de la que sí habla el artículo, tampoco había acudido a la entrega.
"... O tal vez, por motivos periodísticos, aunque entrevistaron a todo el mundo, decidieron añadir solo ciertas declaraciones". Sin embargo, tanto mi padre como el otro de los "olvidados", Alberto Cocaña Fernández, me informaron de que nadie había intentado ponerse en contacto con ellos.
Resulta cuando menos desmoralizante ver cómo una noticia que habla de estudiantes "olvidados", proveniente de un medio de comunicación de tu tierra, también te "olvida". Desde que comencé mi máster en Administración de Empresas hace ahora casi un año, en la Universidad de Berkeley (Estados Unidos), he tratado de averiguar qué características hacen diferentes a las universidades españolas de las americanas y por qué estas últimas siempre copan las primeras posiciones en los rankings internacionales.
Tras mucho pensar sobre ello, creo firmemente que la diferencia radica en el reconocimiento del talento. Cuando se falló el premio, allá por octubre del año pasado, se lo comuniqué a algunas personas de mi círculo académico más cercano en la Universidad. Todos ellos me felicitaron y reconocieron, mostrándose orgullosos de contar "con uno de los mejores estudiantes de España".
Es difícil de transmitir la satisfacción que uno siente cuando, estando rodeado por algunas de las mentes más brillantes del mundo, los profesores y el cuerpo directivo de la Universidad se toman su tiempo para felicitarte por tus logros. Profesores que cuentan en su haber con premios Nobel (la Universidad de Berkeley es la tercera del mundo con más premios Nobel en su historia, con un total de 107, España tiene 8) y que, sin embargo, te envían un email o te animan a poner tu premio en la newsletter de la Universidad.
Esa es la gran diferencia. Porque son estos pequeños detalles, estos pequeños reconocimientos, los que te ayudan a seguir trabajando duro día a día, tratando de ser mejor que ayer, y buscando hacer de este planeta un hogar un poco mejor para todos. Detalles que, por desgracia, en España no tenemos (como pone de manifiesto esta noticia...).
En ocasiones me preguntan si quiero volver a España o a Asturias después de terminar aquí mis estudios. Y mi respuesta siempre es la misma. "Amo Asturias y España. Mi familia está allí. Mis mejores amigos están allí. Echo de menos la comida, echo de menos los horarios, echo de menos les fiestes de prau, y lo que dicen de que como en España no se vive en ningún sitio es totalmente cierto... Pero mientras que aquí la gente me anima y me apoya a ser mejor cada día para cambiar el mundo, allí solo soy 'También (...) Illán García Amor'".
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