Los tratamientos en nuestra sociedad
Hasta hace relativamente poco tiempo, en las "familias bien" a las empleadas del hogar se les obligaba a llamar "señoritas" y "señoritos" a los hijos e hijas, "señora" a la madre, y al padre "Don", o en el mejor de los casos "Señor", términos que se mantenían a rajatabla incluso en este tipo de familias, incluso en las venidas a menos.
En los colegios, a los profesores se les llamaba "Don", a las profesoras señorita, y a la directora "Doña". Hoy en día a la mayoría de profesores y profesoras se les llama por su nombre, faltaría más.
En las empresas de antes, el jefe era tratado siempre con el "Don" por delante, a las jefas que hubiera entonces se les aplicaba el "Señora", los jefes de departamento recibían el de "Señor" y a las pocas jefas que había se las llamaba por su nombre.
En el momento presente las cosas han cambiado bastante.
Prácticamente se han eliminado los términos de señoritos y señoritas, aunque aún se resisten a eliminarlos en algunos reductos sociales de las grandes urbes, como Madrid, Barcelona o Sevilla.
El "Don" y el "Doña" solo resiste en algunas zonas rurales, en las que a los grandes terratenientes se les sigue llamando de esta manera, en los colegios privados y y en algunos públicos, con el significado de autoridad.
Los términos "Señor" y "Señora" aún gozan de buena salud en distintos estratos sociales y familiares, y el "Tú" y el "Usted" están tan enquistados que no hay forma de eliminarlos.
Aunque aún no son posibles de cuestionar los "términos""Ilustrísimo" e "Ilustrísima", "Excelentísimo" o "Excelentísima", "Reverendísimo", y no tanto "Reverendísima", o en el estamento judicial "Señoría", que no "Señorío", que es más bien utilizado para diferenciar la denominación de origen de las bodegas.
Es probable que la Real Academia Española de la Lengua haya actualizado estos conceptos, pero no me he molestado en averiguarlo.
Lo único que sé es que me llamo Enrique, que me gusta que me llamen por mi nombre, como a mí me gusta llamar a todos por el suyo.
Lo demás, sinceramente, no me importa.
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