El albergue de animales de Oviedo
El pasado viernes, 26 de abril, llevé a una perra que tenía al albergue de animales de Oviedo; por diversas circunstancias me resultaba imposible seguir haciéndome cargo de ella y prefería que alguien que pudiese ofrecerle lo que yo no la adoptase, ya que a pesar de que consulté con un etólogo y busqué la manera de resolver la cuestión, no era viable continuar con ella (la había adoptado el año pasado siendo adulta). Al vivir en Las Regueras no se hicieron cargo del animal por pertenecer a otro concejo. Hasta ahí lo entiendo perfectamente. Pues bien, las dos chicas que me atendieron, especialmente una, fueron de todo menos amables y empáticas. Pienso que unas personas que trabajan en un centro de tales características deberían saber ponerse en el lugar de aquél que se acerca a las instalaciones con un problema y no fue así. Desde el primer momento, la más desagradable me interrogó como si fuera un dueño irresponsable o casi maltratador (parecía que estaba en Comisaría o ante el Tribunal de la Santa Inquisición). Y a pesar de que les expliqué por activa, por pasiva y por perifrástica lo complicado de mi caso con razones lógicas, entendibles, una de ellas me soltó sin cortarse un pelo: “Éste es tu problema y lo tienes que resolver tú”, sin ofrecerme ninguna alternativa o ayuda de forma respetuosa. Antes de esta respuesta tan considerada les había mencionado que ya no me había gustado la forma en la que me hablaron en junio de 2018 cuando fui a adoptar un perro (se dirigieron a mí como si no tuviese ni idea de cuidar bien a un animal cuando cualquiera que me conozca sabe que me preocupo por su bienestar y les trato como se merecen). En definitiva, les resultó totalmente indiferente lo que les argumenté y la más hostil de ellas se sintió ofendida cuando mencioné lo del año pasado y, claro, pasó al ataque. Recuerdo que me soltó: “El que va a por lana sale trasquilado”, y la otra chica remachó: “Al final me parece que acertamos al no dejarte adoptar un perro”. Yo estuve serio con ellas desde el principio, sin embargo en ningún momento les falté al respeto ni les lancé ninguna pulla. Como vi que era inútil seguir hablándoles, me fui diciéndoles: “Vale, vale, como vosotras queráis, como vosotras queráis”. En definitiva, interpretaron que deseaba quitarme el problema de encima y que no había hecho nada con el fin de poder continuar con la perra cuando es completamente falso. No dudo de que haya gente que se haya sentido bien tratada por estas dos mujeres, pero, desde luego, no es mi caso y aunque sé que no les importa lo más mínimo, no pienso volver a acercarme en mi vida al albergue de animales de Oviedo. Es más, en mayo presenté ante el Ayuntamiento una queja por escrito. Sé que no servirá de nada, no obstante, al menos queda constancia de lo sucedido. ¿Acaso hubiese sido mejor sacrificarla por mi cuenta? Podría haberlo hecho (cosa que, evidentemente, no iba a hacer) y nadie, jamás, se habría enterado. ¿Acaso hubiese sido mejor seguir con ella sin poder tenerla como se merece? ¿Acaso hubiese sido mejor abandonarla en el supuesto de que no tuviese microchip? Lástima que no exista un vídeo o un audio de la conversación que tuve con esas dos encantadoras y serviciales empleadas para demostrar que ni miento ni exagero. Y lástima que gente así no esté en el paro cuando hay personas estupendas y eficientes que están desempleadas. Desde luego, ¡qué nivel, Maribel! Como sean así con la mayoría de los ciudadanos...
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

