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Los años no vividos

9 de Julio del 2019 - David Prado Fernández-Villarmarzo (Gijón)

Hay personas que con frecuencia comentan aquello de "no me jubilaré nunca, porque el día que me jubile moriré”. Si fuese cierto, creo que nadie dejaría de trabajar, nadie se jubilaría. Tal vez la idea va más en el sentido de que si sigo trabajando, sin jubilarme, tengo más vida por delante, es como si no cumpliese años.

Los trabajadores, al jubilarse, pasan a esa tercera y última edad de la que tanto se habla y que es ineludible, hagamos lo que hagamos. Evidentemente, me refiero a la jubilación a partir de los 65 años, no a las prejubilaciones con bastantes años menos.

El tiempo corre para todos, incluidas las personas jubiladas que siguen trabajando, "porque no pueden vivir sin trabajar", pero un día se dan cuenta de que su final se está aproximando, bien sea por una enfermedad irreversible o por la propia edad que van cumpliendo. Entonces se preguntan: ¿por qué a mí, si aún estoy trabajando?”. La respuesta la conocen sobradamente, solo es cuestión de consciencia.

En mi modesta opinión, considero que hay dos tipos de trabajo para los jubilados. Continuar, si te es factible, con el mismo trabajado desempeñado y también con sus responsabilidades. Trabajar, hacer lo que te gusta, si es posible, pero sin ataduras de ningún tipo, y, sobre todo, divertirte.

Cuesta admitir, aunque no dudo que sea verdad, que algunas personas disfruten realizando, después de la edad de jubilación, el mismo trabajo, con las mismas funciones y con las mismas responsabilidades. Sin querer ofender a nadie, diría que esto es esclavitud más que una diversión.

Me viene a la memoria la reciente muerte, no diría yo que repentina, de Arturo Fernández. Él siempre decía que quería morir en el escenario, esto es, trabajando. Casi fue así, pues no pasaron más de tres meses desde su última representación. Escuché decir con frecuencia al querido Arturo "qué bello es vivir". Ahora, me gustaría preguntarle: ¿Arturo, qué pasa con los años no vividos? Seguro que me respondería: “Chatín, yo he vivido todos los años haciendo lo más me gusta”. No te quito la razón, pero permíteme, Arturín, que lo considere más como una autocomplacencia o como una convicción personal. Ser empresario, productor, director, actor protagonista, con todo lo que conlleva, no me parece la mejor forma de vivir la vida después de tantos años trabajados. Falleció Arturo con 90 años y no tengo inconveniente en decirle que le han sobrado veinte como eje principal, que han sido veinte años no vividos.

No soy ningún docto para recomendar, solo manifiesto opiniones personales: no hay que autoengañarse, hay que vivir en la realidad, hay que vivir la vida, y hemos de tener en cuenta que los años no vividos no son recuperables.

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