Orgullo Gay, ¿de qué, y por qué?
Desde hace varios años, con gran repercusión en todos los medios de comunicación, estamos asistiendo a una serie de actos organizados por la comunidad conocida como LGTBI (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales, intersex... y todo lo que vayan añadiendo), que han dado en llamar "Día Internacional del Orgullo". Por principios, y siempre que su comportamiento no sea censurable, no tengo ninguna animadversión a las personas que se encuadran en ese colectivo, ni tampoco pretendo negar el derecho que les asiste para manifestarse públicamente con objeto de reivindicar lo que, en razón y justicia, crean les pertenece. Otra cosa bien distinta es estar de acuerdo, o no, en los modos y formas con las que están llevando a cabo esas reivindicaciones, con manifestaciones que traspasan los más generosos límites de la tolerancia, llegando incluso a situaciones que, sin paliativos, merecen el calificativo de execrables por lo obscenas, perdiendo, de ese modo, por lo impropio de esos comportamientos, cualquier razón que pudiera asistirles, en un mal entendido de lo que es la libertad de expresión y manifestación.
¿De qué hay que tener orgullo? Si admitimos, como está generalmente reconocido, que el homosexual no se hace, sino que se nace de esa forma, y, además, no tiene posibilidades de cambiar, no parece que, desde el estricto plano de la razón, haya causa que justifique ese hecho. Sería lo mismo que un individuo que naciese zurdo sintiera orgullo por no haber nacido diestro, aun siendo esta última habilidad la más extendida. Ser diferente, cuando no se tiene opción al cambio, no puede ser, en ningún caso, motivo de orgullo, ni tampoco puede considerarse como algo que sea causa de oprobio.
¿Por qué el orgullo? La comunidad homosexual trata de justificar el orgullo en el hecho de que durante siglos ha sido reprimida y maltratada por la sociedad en general, que había venido considerando este asunto como algo vergonzoso que debía ser ocultado, y que, en los últimos años, con su lucha, están consiguiendo invertir posturas y opiniones en el camino de ir ganando, cada vez más, terreno hacia su total integración como ciudadanos de pleno derecho, pudiendo alzar su voz para exigir respeto e igualdad; aunque esto último, lo de la igualdad, no lo entienda muy bien, pues se me ocurre preguntar: ¿será que no quieren verse homosexuales o nos quieren "homosexualizar"?
Sobre este particular, quería hacer referencia a un artículo que, bajo el epígrafe de "Orgullo LGTBI", publica el diario LA NUEVA ESPAÑA, en su edición del pasado miércoles, 10 de julio, firmado por María Durán, en la que justifica ese orgullo, apostillando incluso que hay razones muy poderosas para ello, mencionando a grandes personajes de la historia que, según su versión, fueron gays o lesbianas. Sin entrar en detalles sobre sus aseveraciones, discutibles, sin duda, lo único que se debería tener en cuenta es que ninguno de ellos ha manifestado públicamente ningún orgullo, ni ha hecho ostentación de esa condición. Se podría aducir que, en su tiempo, no se daban las condiciones para ello; pero, en cualquier caso, estoy seguro que tampoco lo hubieran hecho.
Que los homosexuales, y toda la retahíla añadida, sientan complacencia por los hitos que están consiguiendo, me parece humanamente razonable; pero, en cualquier caso, llamar a eso "orgullo" me parece algo fuera de contexto, algo así como sacar los pies del tiesto. Con humildad, sentido común y, sobre todo, con prudencia, con mucha prudencia, es posible que puedan avanzar en la consecución de sus objetivos. El orgullo, sobre todo cuando se exacerba, como ocurre en este caso, puede ser causa de rechazo y, por tal motivo, generar una reacción contraria a lo que pretenden, o, al menos, a lo que dicen pretender.
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