Muerte de un actor
Soy coetáneo y coterráneo de Arturo Fernández. Él nació en Gijón y yo en Oviedo, él vivía en Madrid y yo también. Él era actor y yo espectador.
He sentido profundamente su muerte. Ha habido dos hombres de escenario a los que he admirado: Charles Aznavour, un cantante, y Arturo Fernández, un actor. Los dos llenaron el escenario de mi generación; uno con sus canciones y el otro con sus gestos. Uno murió a los 90 años y el otro a los 94. Uno fue despedido a hombros de la "Gendarmerie" que desfilaba lentamente por los Campos Elíseos en presencia del presidente de la "Republique", y el otro se fue solo con el silencio doloroso de sus admiradores.
Cuando estrené mis primeros pantalones largos me enseñaron a doblarlos cuidadosamente por la "raya" para colgarlos en el "galán de noche", y lo hacía siempre con el mismo cuidadoso esmero que lo veía hacer a Arturo Fernández en sus comedias.
Ahora, cuando los doblo al final del día para que conserven la "raya", recuerdo cada noche a mi "paisano" con la nostalgia de un mundo que se ha ido con su muerte. Un mundo en el que el arte de la seducción se ha perdido y la raya del pantalón también...
Tardará en nacer. Si es que nace...
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