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¿Sendas para perros?

13 de Julio del 2019 - Constantino Díaz Fernández (Oviedo)

La tenencia de animales de compañía, o mascotas como generalmente se les denomina, es un hecho real que, a lo largo de los años, se ha ido generalizando de tal manera que ha sido necesario establecer, vía a leyes, normativas y ordenanzas, las obligaciones y responsabilidades del propietario de estos seres vivos con los que muchas personas conviven. Es, por tanto, un derecho indiscutible que cada cual, siempre que cumpla con las disposiciones legales vigentes al efecto, pueda tener en propiedad uno de estos animales. El problema está en que, por razones de naturaleza humana, hay muchas personas que se pasan las leyes, y cualquier otra normativa relativa al efecto, por debajo de los puentes del Sena, yendo por libres sin respetar ni a propios ni extraños. Cuando las mascotas son animales que solo pululan en el ámbito doméstico y que, por tanto, solo afectan a sus interesados y responsables, el problema, si lo hay, queda resumido exclusivamente al propietario y a las personas con las que comparta el hogar, sin perjuicios a terceros, o sea: se lo come quien se lo guisa, pero cuando la mascota, como es el caso más normal y casi único de los perros, se saca de paseo a la vía pública, el respeto a los demás es obligado y exigible.

Aunque el paseo de las mascotas por los lugares públicos se realiza durante todas las épocas del año, es en el verano, con la llegada del buen tiempo, cuando esa práctica se hace más frecuente y general, aumentado, por tal motivo, el rechazo de aquellas personas que, no practicando ese hábito social, se sienten molestas y, no pocas veces, perjudicadas por la mala praxis de sus propietarios. Cada vez es más frecuente ver las sendas peatonales, al igual que parques y jardines, repletas de perros sueltos, mientras sus dueños pasean indolentes sin atender a lo que hacen esos animales: correr desenfrenadamente, pelearse entre ellos y así hasta un largo etcétera que, en no pocas ocasiones, ponen en peligro a los otros usuarios de esas instalaciones públicas que, sin la menor duda, tienen igualmente el derecho a utilizarlas sin sufrir las molestias ni afrontar los peligros que, por negligencia manifiesta y falta de civismo de los irresponsables amos, tienen que padecer.

Si las autoridades competentes no tienen capacidad para hacer cumplir las obligaciones a las que los propietarios de las mascotas están sujetos, estableciendo una vigilancia más estrecha en aquellos lugares más frecuentados por los mismos, e imponiendo severas sanciones a todos los que las infrinjan de manera flagrante, será mejor que, una de dos: o se establezcan sendas pasa uso exclusivo de los perros, con la correspondiente restricción a la circulación de peatones, o se ponen avisos a las entradas de las mismas en las que se advierta a los usuarios del peligro al que están sujetos si tienen la osadía de utilizarlas. Podría sugerir algo así como: "Peligro, perros sueltos, atentos los peatones y obligación de llevar a los niños y personas mayores sujetos con correas". Puede parecer una broma, pero, al que suscribe, que ya ha padecido un accidente importante al ser arrollado por un perro que circulaba en desenfrenada carrera, mientras su dueño hacía footing con total desentendimiento del animal, no le parece nada jocoso. A algún otro viandante, con los que he tenido ocasión de conversar, y que igualmente ha tenido algún problema similar, tampoco. Lo que queda es que aquellos que tengan que poner remedio a esto, autoridades y propietarios de mascotas, realmente lo pongan. Así lo espero, aunque, desgraciadamente, no estoy muy seguro de conseguirlo.

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