¡Ya! Sobran los discursos vacíos
Es la hora de los hechos; como bien dice Barbón, se necesitan "audacia", "ambición", "osadía" y ser "exigente" con el Gobierno central. Ya estamos hasta las narices de personajes políticamente correctos, de sujetos que llegan al poder y tratan de pasar desapercibidos.
A la novena va la vencida, los ocho anteriores presidentes (salvo pequeñas matizaciones por cada momento y circunstancia) fueron nefastos para los asturianos. El peor, sin demasiado esforzarse, fue el octavo. Incluso en su último discurso volvió a caer en los mismos mantras que le rodearon los últimos años, más pendiente de los problemas que debieran solucionar los gobiernos centrales y los tribunales de justicia que de las innumerables cuestiones que le obligaban a él como presidente de esta comunidad. ¡Pero no! Le dio por inmiscuirse en el tema catalán, que no quiere decir que no pueda expresar su punto de vista al respecto, pero de ahí a ser uno de los temas principales de su agenda va un trecho. Durante años era conocido por todos por su poca chispa, por pasar desapercibido, por una presencia triste y decadente en cada evento y compromiso que su cargo lleva implícito. Algo que trasladó a toda la economía asturiana, donde no supo en ningún momento al menos generar esperanza e ilusión en una población envejecida y despojada de un nivel de vida que hasta su llegada era envidiado por el resto. Dejó la sanidad con unas listas de espera escandalosas, paro juvenil, empleo y salarios sin igual en precariedad, solo se sostiene por lo que se encontró, nada mejoró, nada generó y nada propició.
Jamás puso una piedra de principio de algo, solo veíamos empresas volar y cerrar, trabajadores irse al paro y a la ruina, la industria en decadente desaparición y él seguía enfrascado en otros temas que tampoco tenía el carisma para solucionarl, como ese tema catalán y la incapacidad de acuerdos para conformar gobiernos de unos políticos no mejores que él. También durante un largo tiempo, mientras en Asturias cerraban empresas y familias se quedaban sin nada, sin futuro, él se dedicaba a estar por Madrid, primero con un golpe perfecto de compañerismo sin límite contra su secretario general, para luego aceptar presidir una gestora anacrónica para regalarle el poder a la derecha más corrupta jamás imaginada. Luego los electores (afiliados y simpatizantes) se lo hicieron pagar caro a Susana, a los barones como usted, a la vieja y caduca guardia manejada por el gran Felipe y Guerra, esos de las cazadoras de cuero para engañar en campaña vistiéndose de rojillos para luego acabar dando el poder a Rajoy despejando dudas de su verdadera identidad.
Dice el periodista que en su discurso final "se les despertaron las fibras que creía dormidas, las de la emoción". ¡Huyyyyy! Qué manera de defender lo mediocre, lo vulgar, lo innecesario. -esas fibras emocionales debiera haberlas sacado muchos años antes, ese carácter orgulloso y exigente que le salió de repente debiera haberlo invertido en hacer algo más por esta región, no se puede osar y aceptar un cargo público sin estar preparado para desempeñarlo cada día en beneficio de todos aquellos a los que se debe.
Dijo además esto en ese discurso: "Las emanaciones envueltas en leyendas patrióticas y fragancias místicas que empujan a la política al pegajoso rincón de las emociones y derivan en narraciones polarizadas y desintegradoras" -vivo retrato de su persona y personalidad... Nada.
Hablar de "lealtades" es curioso al menos, de que "algunos tienen demasiada prisa de hacer una sociedad perfecta" es sencillamente para que todos sepamos en quien dejamos nuestros recursos, nuestras ilusiones y nuestras esperanzas de que la política sirva para algo más que para el bienestar de los que se dedican a ella. Ustedes claro que no tenían prisa de arreglar nada, estando ustedes arreglados a los demás que les den.
Señor octavo presidente: existen muchas familias con carencias importantes que no pueden esperar a mañana, les va en ello la supervivencia, la salud, la tranquilidad, en una palabra la vida. Para dar de comer a sus hijos, para pagar la hipoteca, la luz, la calefacción, la letra del coche, las tasas universitarias, comer, vestir... ¡todo eso, claro que tiene prisa señor octavo! Por supuesto que necesitamos políticos que se den prisa en hacer una sociedad más perfecta que la que ustedes dejaron.
Señor Barbón, cuanto antes olvídese de lo anterior, olvídese de lealtades a jarrones que ni fueron chinos, ni valen un patacón. Me gusta la confección de su gobierno, ahora nada de dejarse asesorar por lo anterior, nada pueden ofrecer para ser mejor que ellos.
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