Positivismo o realidad
El positivismo es una doctrina filosófica que rechaza a priori todo concepto universal y absoluto. Sin embargo, ser positivo es la tendencia a ver y juzgar las cosas por el aspecto más favorable; eso está bien, pero no tiene que ver con lo de la botella medio llena. La realidad de lo que es absoluto -es decir, de lo que es innegable- puede parecer a veces una realidad tan negativa como la botella medio vacía. La botella siempre estuvo llena en su inicio y desde entonces se fue vaciando, y eso no tiene por qué ser un hecho negativo. ¿De qué nos sirven los buenos deseos si no están respaldados por un esfuerzo en hacerlos realidad?, o ¿de qué nos sirve ver la triste realidad sin buscar una posible esperanza? Sirvámonos de un ejemplo y situémonos en un plano intermedio y razonable: la tradición está basada en mitos, por no decir mentiras en la mayoría de los casos, será porque la mentira es piadosa a los ojos del optimista, pero es un foco de infección moral camino al desastre a los ojos del realista. La balanza de la justicia tiene que sopesar los hechos por encima de las ideas, y si realmente estuviera funcionando así, la propaganda política no supondría ningún peso en la mayoría de los casos. Tampoco las grandes multinacionales religiosas si tuviesen que presentar sus métodos en un platillo y los resultados en el otro. Desgraciadamente, la gente en general no es propensa al análisis, sigue a lo oído si eso es lo que le gusta oír, o a la tradición si es lo que agrada al corazón, sin molestarse en comprobar su verdadero valor en la balanza. Por eso estamos a merced de los poderes que pueden manejar los platillos de nuestra balanza interior simplemente con mentiras. Esta advertencia puede servirnos: “Y cesad de amoldaros a este sistema de cosas; más bien, transformaos rehaciendo vuestra mente, para que probéis para vosotros mismos lo que es la buena y la acepta y la perfecta voluntad de Dios” (Romanos 12:2).
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