Un largo y temible proceso electoral
No recuerdo semejante proceso electoral como el que estamos presenciando estos meses. Hace poco más de un año, el PSOE y Podemos presentaron una moción de censura contra el presidente del Gobierno D. Mariano Rajoy, tras la publicación de la sentencia del “caso Gürtel”. Previamente, le habían aprobado los Presupuestos Generales del Estado para 2018, con los votos de Ciudadanos y el PNV, además de los propios del PP. Pero la moción de censura fue el final del Sr. Rajoy como político.
Con D. Pedro Sánchez de presidente de Gobierno en funciones, nos encontramos en una situación que los historiadores no sabrán explicar. Al presentar los Presupuestos para este año, le fueron rechazados y convocó elecciones para el 28 de abril. En parte fue un acierto porque el Partido Socialista mejoró sus resultados alcanzando los 123 escaños. El PP sufrió un duro castigo, perdiendo 71 escaños, Ciudadanos obtuvo 57 escaños y Podemos perdió 30 escaños, quedando en 42 diputados. Todo ello en el Congreso de los Diputados.
Durante casi tres meses, PSOE y Unidas Podemos estuvieron negociando la formación del Gobierno para los próximos cuatro años. Esta última formación quería a toda costa formar parte del Consejo de Ministros, cosa que al Sr. Sánchez maldita la gracia que le hacía. Pero al mismo tiempo el candidato socialista les pedía al PP y a Ciudadanos que se abstuvieran en la investidura, todo un esperpento político. Al final, llegó la tormenta que estaba anunciada. Los días 22, 23 y 25 de julio fueron un tormento para el candidato Sr. Sánchez, al frustrarse su investidura para presidente del Gobierno. Y no es de extrañar. En primer lugar, el candidato hizo un discurso vacuo en su presentación como tal. Un montón de promesas, sin concretar fechas, el cómo y cuándo se iban a llevar a cabo. A nuestra querida Asturias ni la mencionó. Esa obra eterna de la variante ferroviaria de Pajares se acabará en una de las próximas legislaturas. Después de ese pesimista discurso, vinieron las réplicas y contrarréplicas de la oposición. Nada nuevo bajo el sol. Y al final la votación, de la que ya se conocía el resultado.
Y pasamos al jueves 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol. Nueva votación que bastaba con mayoría simple, más síes que noes, pero no fue así, sino al revés. Pero previamente se celebró el último debate o intento de arreglo para formar Gobierno, que ni llegó ni se le esperaba. Pero tuvimos la gran suerte de enterarnos de lo que había pasado durante las largas jornadas de negociaciones entre PSOE y el partido morado. Y como no hubo acuerdo, aprovecharon para echarse en cara todos los tapujos de los que habían hablado. Sobre todo, por parte de la Sra. Lastra, que puso en la tribuna de oradores el tendal con todos los trapos sucios de la negociación.
En mi opinión, creo que hay un culpable de este fracaso, y no es otro que D. Pablo Iglesias. Su egoísmo, su prepotencia, el Sr. Sánchez en esto no se queda corto, y su escasa visión política. Ha demostrado que quiere ser más que el resto de la casta. Tiene la osadía de querer gobernar este país con solo 42 escaños en el Congreso. Bien que se lo dijeron los diputados que intervinieron en el debate, pero ni con esas dio su brazo a torcer. Pero además tiene otro gran defecto, que es un desagradecido. Y de esto deberían dar explicaciones el Sr. Presidente en funciones y el ministro de Interior en dicha situación. Su residencia en Galapagar, que casi todo el mundo conoce sus características, está vigilada las veinticuatro horas de cada día por efectivos de la Guardia Civil pertenecientes al puesto del citado lugar. Por este servicio no tiene que pagar ni un solo céntimo. Dicha vigilancia se hace en el exterior de la propiedad, de día y de noche, de verano y de invierno. Los primeros meses, los agentes no tenían ni donde hacer sus necesidades fisiológicas, ni siquiera les permitían acceder al interior de esa residencia. Algunos de ellos se dieron de baja médica porque no podían soportar aquella situación. La Dirección General del citado cuerpo armado tuvo que enviar refuerzos para cubrir esas bajas. No sé si habrá algún otro político en este país que tenga estos privilegios. Viendo este detalle, tampoco es de extrañar que el Sr. Sánchez no haya aceptado al Sr. Iglesias de compañero de viaje en la Moncloa.
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