Ángela, vivir amando.
En distintos lugares de Andalucía y de toda España está presente esta congregación que tanto bien está haciendo a la Iglesia y a todas las personas en el mundo entero.
Santa Ángela de la Cruz es un tesoro sin igual, sus conventos una fuente de gracias y de dones, tanto materiales como espirituales. En ellas todo es riqueza, una riqueza que emana con fuerza del corazón herido de Cristo Señor Nuestro y de su Santísima Madre. Y podemos decir con el salmista: "Acerquémonos al trono de la gracia para alcanzar misericordia".
En ellas, en estas monjas que viven con total entrega y abnegación, se hace vida esta realidad trascendente: Gracia y misericordia, felicidad plena. Las Hermanas ante todo son un misterio de amor.
Además, cincuenta y tres casas repartidas entre España, Italia y Argentina, diecisiete residencias de ancianas, colegios y residencias de niñas; y lo más singular, sus diarios servicios: a domicilio, a enfermos pobres, a los necesitados. Todo es un gran balance para un aniversario de cerca de 150 años. Las cifras suelen ser frías e impersonales pero en ese caso no, pues llevan carisma. Acompañan a las cifras, la labor callada y constante de unas mujeres expertas en: entrega, humildad, abnegación, renuncias y amor, muchísimo amor.
Un amor tan grande que les hace observar con fidelidad las reglas que hace alrededor de 150 años logró plasmar en su primer convento una "menudita" zapatera sevillana, Ángela Guerrero González. Esta joven obrera, muy religiosa, a quien sucedían prodigios y que desde niña practicaba la caridad. Ella cuando tenía 16 años conoció al padre Torres Padilla. En 1871, Ángela se compromete a ser monja fuera del convento y el padre Torres la autoriza a llevar el apellido que nunca la abandonaría: De la Cruz. El fin llevar las almas a Cristo: haciéndose pobre con los pobres, y viendo a Jesús en los enfermos y necesitados.
En un convento pequeñito, el día 2 de agosto de 1875, en un cuarto con derecho a cocina, alquilado en un corral de vecinos, en la calle San Luis número 13, nacieron las Hermanas de la Cruz. Eran cuatro monjas sin hábito, sin convento al uso, sin capilla y sin Santísimo Sacramento. Solo dos meses después, gracias a unos amigos del Padre Torres, lograron alquilar una casa en el barrio de San Lorenzo. Sor Ángela de la Cruz tenía 29 años y su cara aniñada ocultaba una vida de penitencias y sacrificios.
Desde que la Congregación se puso en marcha, Sevilla valoró y se entregó a estas monjas de hábitos toscos, que siguen conservando el carisma fundacional con una fidelidad absoluta.
La canonización de la fundadora el año 2003 en Madrid, fue culmen y principio de un trepidante inicio del siglo XXI para las Hermanas de la Cruz. Hoy ya es Santa también Madre María de la Purísima.
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