El waterpolo español y el paraguas
La selección femenina de waterpolo siempre recordará el Mundial de Corea por su medalla de plata como finalistas del torneo, pero también por una anécdota que difícilmente olvidarán.
Mientras llovía intensamente y las jugadoras de la selección española esperaban bajo el chaparrón a que se les impusieran las medallas, los encargados de hacerlo eran protegidos por unos inmensos paraguas.
Es de suponer, que los organizadores debieron pensar que, como las jugadoras venían ya bien mojadas de la piscina, algo más de lluvia no les iba a afectar.
La selección masculina, sin embargo, no recordará el mundial por la falta de paraguas, si no su clasificación para Tokio 2020 y por el varapalo que sufrió en la final ante Italia por un contundente 5 a 10, lo que obligará al conjunto español a ponerse las pilas para no desentonar en los próximos Juegos Olímpicos.
En cualquier caso, hay que felicitar a ambas selecciones por haber llegado a la final del Mundial en uno de los deportes más espectaculares y exigentes que existen, y que le ha dado muchos días de gloria al deporte español.
Y felicitar también a la gran familia del waterpolo español, y en especial a los padres de los waterpolistas juniors, que son la cantera de la selección absoluta, por su anónima y generosa contribución y entrega, para que se puedan preparar a fondo con el propósito de que las selecciones absolutas, femenina y masculina, se sigan nutriendo de jóvenes valores con los que se vayan renovando, para lograr que un deporte tan minoritario como este, continúe despertando el interés general por sus éxitos internacionales.
Escribo esta carta motivado por una reciente y entusiasta conversación con Agustín González, el padre de una joven promesa, que forma parte de esa gran familia, tan importante para que sus hijos puedan darlo todo por el deporte español.
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