El amor libre
Una de mis nietas me ha pedido que escriba sobre el amor libre, un tema del que hemos hablado en la sobremesa.
Le he dicho que no me parecía adecuado hacerlo para no herir sensibilidades, pero lo he pensado mejor y no sé por qué no considerarlo si se trata de algo tan natural como la vida misma.
Claro está que el amor libre puede ser, o no, compatible con los compromisos de pareja, según y cómo esta se plantee.
Mi nieta es partidaria del amor libre y, sin embargo, tiene novio, está muy enamorada y no puede vivir sin él. Le he preguntado si no le importaría que su chico se enrollara con otra o con otro, y me ha dicho, con la boca pequeña, que no. A su novio le he preguntado lo mismo y ha puesto cara de póquer.
Honestamente no creo a ninguno de los dos, porque los veo emparejadísimos y dudo mucho de su sinceridad. Quizá sea esta la razón por la que mi nieta ha querido que me manifieste, porque supongo que duda y quiere saber mi opinión.
Lo único que puedo decir, a mis 76 años, es que podría dar lecciones teóricas de amor libre en todas sus facetas, porque he leído y he visto mucho en estos últimos años, pero dudo de que pueda practicar mucho más allá que con el pensamiento.
Sé que no te he aclarado nada, querida nieta, porque, a pesar de los años, uno no está seguro de nada, como creo que te ocurre a ti, que a los 19 años también dudas, como lo hizo Descartes, que en el siglo XVII popularizó la “duda metódica”, que hoy está más vigente que nunca.
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