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Pacto a la portuguesa

5 de Agosto del 2019 - Darío Martínez Rodríguez (Pola de Siero)

En estos momentos algunos políticos de nuestro país miran de reojo la actividad del Gobierno de Portugal. Más allá de ser noticia por sus incendios, se ve a nuestro vecino como una realidad envidiable. El socialista Antonio Costa gobierna con el apoyo de comunistas, ecologistas y un bloque de izquierdas. Es un acuerdo programático con un objetivo compartido: sacar a Portugal de la crisis económica y apostar por una justicia social de alcance nacional. Los resultados, al menos macroeconómicos, son inmejorables. Los organismos internacionales lo corroboran.

Parece obvio que la solución a nuestros males puede venir de una estrategia política similar a la portuguesa. El encanto de la propuesta parece apetecible. Pero ¿es esto posible? Veámoslo desde un prisma riguroso que deje de lado las buenas intenciones y un buenismo infantil que crea que por arte de birlibirloque todo es posible. Dejemos la débil y peligrosa idea que nos dice: “Si yo lo pienso así, así es”. Un pacto de las llamadas izquierdas, de las fuerzas progresistas (¡incluyen al PNV y a Junts per Catalunya!) haría posible la investidura de Pedro Sánchez. El problema es que, a diferencia de nuestros vecinos del Oeste, no hay una idea compartida de nación. Uno podría pensar: sustituimos un nacionalismo diverso y plural por otro único, así amputamos la verdadera diversidad de España, nos convertimos en cómplices de una derecha recalcitrante y que creíamos superada con la democracia. La consecuencia, una convivencia difícil, cuando no truncada, y un pacto de gobierno imposible por la presencia de partidos conservadores ciegos ante la diversidad.

Pero si miramos bien el problema es que por nación en Portugal entienden algo muy diferente a lo que se entiende en nuestro país, no son conceptos unívocos. En Portugal la nación es política, es soberana, es canónica, internacionalmente reconocida en los diversos foros internacionales: OTAN, Unión Europea, ONU, OMC, etcétera, y lo es frente a otras naciones homologadas. Aquí, en cambio, la nación canónica es negada, es prescindible, ha de ser superada. En términos lógicos: es el término medio que desaparece de cualquier razonamiento silogístico que partiendo de unas premisas permite acceder a una conclusión. Las naciones que se nos ofrecen son étnicas y quieren clonar a la nación canónica para eliminarla por implosión, o, lo que es lo mismo: son naciones descaradamente secesionistas, fragmentarias.

Corolario: el acuerdo en Portugal une; el acuerdo en España como nación política divide, debilita, y, como consecuencia, se derivan unos desequilibrios sociales, además de una estructura federal en ejercicio asimétrica que condena a los que están en peor situación de salida. No es de genios decir que Asturias estaría abonada a una debilidad como entidad política independiente de tal magnitud que en el seno de la Unión Europea su importancia, su capacidad de exigencia, su poder político, sería en el límite nulo.

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