Olvidos
El pasado día 13 de julio hizo 22 años que ETA asesinó al concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco. Los de siempre, es decir, la izquierda de la Facultad de Políticas de la “Universidad Central”, y alguno de sus socios, parece que ya han olvidado este cruel asesinato y se niegan a condenarlo, por lo que se podría deducir que presuntamente están de acuerdo con él.
Sin embargo, jamás olvidan los que se produjeron al final de la Guerra Civil, concretamente, en el inicio del régimen de Franco, hace ya ochenta años. Que los familiares no lo olviden es lo razonable, pero la clase política, en vez de recordarlo a cada momento, debería trabajar para que jamás vuelva a ocurrir. Por el contrario, y es un hecho digno de estudio, se han olvidado los miles de asesinatos del régimen República/Frente Popular. Los asesinos son siempre los mismos, pura carroña, pero en el conflicto español es cierto que algunas de las víctimas del franquismo fueron primero verdugos, y conviene no olvidarlo a la hora de emitir juicios de valor.
Hay dos clases de verdugos en el caso de Miguel Ángel Blanco: unos, los que le asesinaron cobardemente, y otros, como Otegui, los silentes, que pudiendo evitarlo prefirieron pasar el día en la playa con la familia.
En la República también existieron esas dos clases de verdugos: unos, los que sacaron a un tío de mi mujer de casa a las tres de la madrugada y lo asesinaron en el Piles dejando allí el cadáver, y otros, los que pudiendo evitar hechos similares no lo hicieron, prefirieron el “silencio cobarde” y la complicidad con los asesinos. En mi familia sufrimos las hazañas de la carroña de ambos bandos, un tío asesinado por la República y un sobrino de mi abuelo por el franquismo inicial. Su madre recogió el cadáver. El “verdugo silente” republicano que afectó a mi familia no consiguió su objetivo, que era el asesinato. Había otra izquierda más valiente que consiguió evitarlo “in extremis” y a la que siempre estuvimos agradecidos. Un amigo mío, ya fallecido, muy popular y querido en Avilés, me comentó durante una conferencia muy laudatoria sobre el alcalde republicano David Arias que su familia vivía en la misma escalera que el alcalde y, detenido un hermano por el “delito” de ir a misa, su madre le fue a pedir ayuda y le contesto que “a todo gochín le llega su San Martín”. Fue fusilado. Hay “historiadores y aficionados recientes” que relatan los terribles sucesos de la “Quinta Pedregal”, pero olvidan conscientemente que se iniciaron en la República cuando la requisaron y la convirtieron en checa y centro de tortura. Este asesinato fue uno de esos “sucesos”. El franquismo no la inició, la heredó, y quienes divulgan ahora lo ocurrido en esa época del conflicto con profusión de datos, muchos falsos, olvidan lo ocurrido durante la República y tratan como luchadores por la libertad a muchos verdugos, alguno de ellos perfectamente identificado, repudiando que después haya sido víctima.
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