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Vivan les Piragües

2 de Agosto del 2019 - José Manuel Alonso Blanco (Oviedo)

Un año más llega el día “D” de la Fiesta de les Piragües de Asturias. Para un riosellano la fiesta es importante y similar a la Descarga para los cangueses del Narcea.

Yo, nacido al lado de la ría, desde que tengo uso de razón siempre vi pasar las piraguas.

De niño, nos situábamos al lado de una gran torreta de alta tensión, a un kilómetro de la meta. Preguntábamos a los palistas de dónde eran, pues el sistema de identificación de esa época era complejo. Las respuestas eran variopintas, por ejemplo: de la Conchinchina, de casa Dios, de casa su puta madre, etcétera. De niño, en verano jugábamos a las piraguas. Consistía en coger unos palillos planos y pintarles uno o dos triángulos, según fuera K-1 o K-2. Después se les ponía el nombre de país participante: Bélgica, Francia, Italia, etcétera. El infantil juego tenía que realizarse con la marea subiendo. Se tiraban los palillos todos juntos en la compuerta que regulaba el paso del agua a las marismas. La meta estaba situada unos metros más arriba, donde había unos grandes tubos por los que circulaba el agua. Yo recogía los palillos-piragua ficción y los colocaba por riguroso orden de llegada. Hacía también una clasificación por equipos. Los palillos-piragua durante su trayecto los había que tutelar, pues algunos encallaban en las algas de las marismas y había que ponerlos a circular de nuevo. A veces hacía trampas para hacer ganar a España, cosas del patriotismo inculcado en las clases de FEN (Formación del Espíritu Nacional).

El verano de niño era divertido, pescábamos, cogíamos mejillones, nos embadurnábamos con el lodo de la ría y decíamos que éramos negros, paleábamos (remar no es correcto) en un neumático de camión al que se le ponían unas cuerdas para así hacerlo ovalado. También navegamos en media piragua, sacada de una que se había roto. El problema eran las filtraciones, pues había que achicar el agua. Todo esto lo hacíamos en traje de baño y descalzos, pues las marismas no estaban contaminadas.

Siendo adolescente, mi primo Matías me introdujo en la SCD (Sociedad Cultural y Deportiva) de Ribadesella. Empecé a navegar por la ría del Sella en una piragua entera y con timón. El recorrido que hacíamos era desde el puerto de Ribadesella al puente de San Román (Feve), que hoy día tiene gran afluencia de visitantes, pues es el final del recorrido de las canoas que surcan el Sella, un gran negocio en la zona oriental de Asturias. Las anécdotas y vivencias de las carreras de piraguas en las que participé son numerosas.

Mis estudios de Bachillerato en el Instituto de Llanes iban bien, pues las notas eran brillantes, por lo tanto mi padre me permitía ser un “profesional” de la piragua durante el verano. Ayudaba un poco en la huerta, pero no mucho, pues era la afición de mi padre, allí se sentía feliz. Como él decía, yo disfruto viendo crecer una berza. Un genio, era un hombre del Renacimiento, pues sabía de todo y de manera práctica.

Mis conocimientos geográficos del norte de España van relacionados con los ríos, como Sella, Narcea, Ebro, Pisuerga, Carrión, Asón, etcétera. Pues ya sabemos: “Nuestras vidas son los ríos que van…”. Las grandes civilizaciones estuvieron al lado de los ríos; por ejemplo, Alejandría, Roma, Londres, etcétera.

Mi profesionalidad consistía en entrenar de mañana, comer bien del huerto (mi madre hacía purés de todo lo que tenía en el huerto, es decir, ingesta abundante de antioxidantes), una larga siesta y vuelta a los entrenamientos en la ría. El gran Javier de las Horas, hacía lo mismo, así que no lo pensamos ni un momento y unimos nuestras fuerzas, formando una buena K-2. Yo ocupaba la parte delantera de la embarcación, es decir, el timón del barco era de mi responsabilidad. Javier me decía que íbamos al límite, pues yo arriesgaba mucho, hasta que en un entrenamiento en el Sella estrellé al gran Javier (hoy fallecido) contra el tronco de un árbol. Creo que casi le rompo una costilla. La culpa es siempre del que asume la responsabilidad del timón. Javier jamás me reprochó nada de esos graves fallos.

Nuestra piragua de entrenamiento era una que el club adquirió de regalo de una empresa de Salamanca que empezaba a fabricar. Una promoción de lanzamiento. Dicha piragua era bastante mala en todos los aspectos. ¿Si estos profesionales durante el verano eran los más veloces, por qué no se les daba la mejor piragua? Javier y José Manuel demostraron en el Sella de 1974 ser los mejores de Ribadesella en la línea de meta, pues fueron la primera embarcación local en llegar a dicha meta. Creo que sería por la lucha de clases de Karl Marx, trabajo defendido en clase por mí en el Instituto de Llanes un año antes.

Javier hace ya más de una década que nos dejó; era un gran tipo, con sus rarezas, como todo el mundo. Estará sentado en el cielo al lado de Dios todopoderoso, pues no puede ser de otra manera. Javier, un fuerte abrazo desde esta tierra cainita.

La pareja formada por Javier y José Manuel entrenaba mucho y duro, por lo tanto la embarcación era rápida. En el Sella de 1974 la salida fue espectacular, espero poder recuperar ese DVD. Éramos juveniles y el puesto de salida era aproximadamente el 100. Le dije a Javier: estate atento, yo controlo la cabeza de salida, al menor movimiento nos vamos. Así ocurrió, nos situamos en el centro del río y a favor de corriente, cuando casi todos aún no se habían sentado en la piragua. Del puesto 100 pasamos a las primeras posiciones, junto a los grandes campeones nacionales e internacionales. Aquello parecía un sueño, pero como dice Calderón de la Barca... Hablaban lenguas para nosotros extrañas. Muchos tirones, olas, rabiones, etcétera. El ritmo era eléctrico y duro. Quién podría creer que esos dos aldeanos, uno de Caravia (Javier) y otro de Ribadesella (Picu Ramón), compitieran codo con codo con los campeones internacionales y nacionales del momento. Javier y yo ese día no hablamos casi una palabra, y eso que yo soy muy parlanchín. No había tiempo para ello. Todo era palear, palear y palear (remar no es correcto). Pasado el puente de Toraño llega el famoso rabión del Diablu, que consiste en unas piedras colocadas en el centro del río que hay que sortear sin que la piragua se rompa. Allí había mucho público animando, entre ellos la bella Victoria (mi novia) y Covadonga (hermana de Javier), su novio, etcétera. Nos animaron fuertemente, yo miré fijamente a Victoria, según ella me dijo, pero no la vi, debido a lo concentrado y al esfuerzo enorme que estábamos realizando. Nos dijeron que nuestro paso por dicho rabión del Diablu era único y diferente a todos, pues había varias posibilidades para pasar. Llegada a la presa de Omedina, pequeño rabión y casi totalmente exhaustos todavía quedaban cuatro kilómetros hasta la meta en Ribadesella. El ritmo bajó, el paleo era más lento, se parecía al movimiento de la guadaña cuando uno siega. La fatiga y la deshidratación eran enormes (de aquella nadie tomaba nada de electrolitos). La marea estaba baja y ese año pasábamos cerca de la escollera. Buscamos el mayor caudal pegándonos a dicha escollera (distinto al resto de palistas), pero el paleo era torpe y lento. Cuando faltaban unos 400 metros, nuestra visión del puente de Ribadesella (meta) era borrosa, pero un piragüista nunca se rinde hasta el final. Al fin llegamos exhaustos, reventados... Cuando faltaba un kilómetro, hablé con Javier, la primera vez desde la salida; le dije: “Javi, yo no puedo más, los dejamos irse (a otra piragua que nos trataba de adelantar). No me acuerdo qué me contesto el gran Javier, pero sé que como hombre de pocas palabras sería breve. Pero, como dijo Baltasar Gracián, “lo breve y bueno, dos veces bueno”.

Después, la comida en los campos de Oba. Pero esto es otra película, que contare después de la publicidad. Todo a su debido tiempo.

Hoy, sábado 3 de agosto, todos al Sella y cantando con toda el alma, que resuene en todo el valle, “Asturias, patria querida!”, el himno de les Piragües.

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