El futuro de la natalidad, ¡para torpes!
Sin un concepto claro e inequívoco de familia, no es posible dar una respuesta eficaz al problema de la natalidad. Pues es de Perogrullo el pensar que sin el concurso de un hombre y de una mujer alguien pretenda darle solución.
Es un hecho innegable que se llevan ya demasiados años aplicando demasiadas políticas familiares erróneas, por lo que ya no queda otra opción que reconocer que solo existe un modelo de familia y que lo es por naturaleza propia y al que hay que proteger en aras al bien común. Es decir: el formado en origen por el hombre y la mujer, que son a su vez quienes biológicamente tienen la facultad de concebir, gestar y parir a otro ser humano, al cual cuidarán, formarán y educarán, hasta una vez alcanzada su edad biológica, esta lo haga ser independiente de la familia originaria.
Y esto, expuesto más o menos así, es el abecé de la formación de la familia, de la sociedad, de los pueblos y de las naciones; por lo cual, aclarado este punto elemental y de sentido común, veamos ahora los equívocos de quienes siembran el error y quieren hacer una mutación del concepto de familia a base de experimentos en laboratorios clandestinos.
Esparcen algunos la idea de que “no hay un solo concepto de familia”. Que existen tantos como tantas sean las concepciones que cada individuo tenga del hecho familiar. Así es el caso que se pudiera llamar familia a dos amigos -o tres o cuatro- que vivan juntos bajo un mismo techo; a dos hombres que decían vivir juntos, o a dos mujeres que así lo deseen, tengan o no vínculos familiares (de sangre) etc. Lo que deja la puerta abierta a que pueda considerarse familia cualquier vínculo afectivo que se forme bajo “la Republica independiente de mi casa”, tenga este un fin social o no, sea este bueno para el bien común o no. Solo tiene que ser “bueno” para quien lo desee, le guste o simplemente “le dé la gana”.
Al derecho (muy entrecomillado, por cierto) que a cada individuo le asiste de vivir como “quiera”, no seré yo quien le ponga el más mínimo pero. Será, en su caso, la sociedad, por medio de su “gobierno”, la que dicte unas normas “mínimas” que sean de obligado cumplimiento. Porque, y a modo de ejemplo, un gobierno podrá, en aras de sus facultades, elegir si los vehículos circulan por la derecha o por la izquierda. Pero lo que nunca podrá legislar es el que cada cual circule por donde quiera. De igual manera, la sociedad puede legislar sobre algunos aspectos de la convivencia de sus ciudadanos, pero no puede equiparar todas las convivencias por igual, porque no todas están encaminadas al “bien común”.
Puesto que solo la unión del género femenino y el masculino son los portadores de la continuidad de la especie humana, parece de sentido común que deban de ser protegidos por el Estado en cualquier sociedad. Y la primera medida de protección y amparo jurídico es la que como fin tenga la estabilidad social y económica de la pareja, en forma de unión estable, con la finalidad de la salvaguardia del menor. Y, a esos efectos, la familia es la definición lógica para garantizar que los apoyos legislativos (sociales y económicos) que aporten los gobiernos sean en sí mismos finalistas y, por tanto, pueda esperarse de ellos un mejor ambiente para el acogimiento de los hijos que sensatamente se deseen.
Por último: elevar al mismo estatus (jurídico-social) cualquier unión es una injusticia civil que pone en grave riesgo a toda la sociedad. Riesgo que hoy ya nadie cuestiona, pero que tampoco nadie quiere reconocerlo como causa, ni el derecho natural que asiste a la familia a ser diferenciada del resto de las uniones, cuya infertilidad para la sociedad es pública y notoria. De ahí que no sea baladí que en todas las sociedades, y en todos los tiempos, la familia aquí descrita sea -y haya sido- objeto de protección y salvaguarda, por ser la primera institución de la sociedad, donde se vive bien y se muere mejor. Donde está el único refugio para el niño, el anciano, el débil o el enfermo. No seamos torpes y además necios intentando crear de la nada algo que de la nada es imposible crear.
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