Ángeles terrestres
No cabe duda alguna, y así lo tenemos que reconocer todos, que el mundo en el que vivimos es de locura, de una demencia colectiva y generalizada, en la que todo está patas arriba en él, caóticamente, en el peor de los sentidos de la expresión. Y todos nosotros, los humanoides blancos, negros y amarillos, estamos todos rematadamente locos, pero de una locura peligrosa que puede hacer que todo salte por los aires un día. Por ejemplo, mucho hablar y esbabayar del medio ambiente y cambio climático que cada vez son peores y nocivos, como ocurre con los hielos del Ártico, cuyo vertiginoso deshielo ya está creando problemas en algunas costas e islas. Nada, que los humanoides, una panda de locos, somos depredadores de nosotros mismos.
A esta locura, hemos de añadir las guerras, el terrorismo y cuanto es destrucción, violencia, agresividad y muerte, cada vez más generalizados por todos los continentes, con una inmigración hambrienta e incontrolada, cuyas gentes buscan un mundo mejor, y lo que encuentran muchas de ellas es su tumba en un mar o un océano. ¿Y a qué se debe esa locura en el mundo que lo puede llevar a su autodestrucción? Aquí lo hemos visto y comentado recientemente: pues a que falta amor en todos sus continentes, ese amor que es convivencia y solidaridad, que puede unir a las gentes y a los pueblos, lo que haría que este planeta Tierra fuera mejor y más habitable. Quizás, el Paraíso prometido.
Es tal la degradación y locura que reinan en nuestro planeta que ya se vislumbran algunas luces de esperanza de gentes de bien que, con idealismo y generosidad, inician ya una campaña, por su cuenta y riesgo, de recuperación de valores perdidos y de cuanto antaño unía a los pueblos y las gentes, teniendo como enseña, arma y ofensiva el amor. Porque el amor, dicho sea una vez más, es el que puede salvar o cambiar el mundo. Y en esa causa tenemos que estar todos, hermanados y solidarios, causa que inicia y lidera, asombrosa y sorprendentemente, un hombre que salta a la actualidad con un programa no menos asombroso y sorprendente, que muy bien pudiera cambiar el mundo. Y ese hombre se llama Javier Caparrós, un escritor catalán y español que pateó y ha recorrido más de setenta países, lo que le ha permitido tener y conocer importantes experiencias de cómo el mundo está vacío de amor y de paz, esa paz social que es la que une a los hombres con los lazos de la convivencia y la solidaridad. El último libro de Caparrós, que acaba de publicar, viene a ser el trampolín de lanzamiento de esa causa que lidera, toda una entidad ya que forman hombres y mujeres, ellas y ellos, dispuestos a dar la batalla a todo aquello que divide y enfrenta a las personas y los pueblos, con la consigna de que nos amemos todos y todos vivamos hermanados por un bien común. Y un mundo mejor y en paz.
Y el escritor Javier Caparrós, líder de tan ejemplar y necesaria causa, dice que para conquistar el mundo tenemos que ser todos unos “ángeles terrestres” (sin alas, naturalmente), cada uno en su vida, trabajo o profesión, dándose por entero a los demás, con amor y generosidad. He aquí una causa asombrosa y sorprendente que claro que puede llegar a cambiar este mundo pocho, insolidario, enfrentado, dividido, deshumanizado y contaminado social y ambientalmente. Y contra todo ello nacen una causa y un hombre aquí, en España, con sus huestes o “ángeles terrestres”, que esgrimen el amor para unir y salvar a la humanidad.
Bueno, principio tienen las cosas, y buen principio tiene esta causa, oportuna y necesaria, que todos debiéramos de hacer nuestra. Sí, porque el amor es el que puede cambiar el mundo en el que tan mal vivimos.
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