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Tratado con Mercosur y EE UU

5 de Agosto del 2019 - Mario Feito Álvarez (San Claudio (Oviedo))

El 5 de agosto de 2014, en mi carta a este diario titulada “El final del mastín”, ya avisaba a la sociedad de lo que creía que estaba pasando. Hoy, cinco años más tarde, puedo afirmar que, desgraciadamente, tenía razón. En dicha carta, cito textualmente, puse: “Hay algún contrato o tratado entre países por el cual es necesario acabar con la ganadería española y asturiana”.

No había otra explicación a la innumerable lista de leyes absurdas que atacan a los ganaderos. Hay leyes, normas, reales decretos, etcétera, impuestos desde la ciudad, que han hecho que en los últimos cincuenta años, día a día, los pueblos hayan ido muriendo, las ganaderías cerrando y la maleza apropiándose de antaño fincas y tierras productivas que permitieron al país alimentarse y prosperar...

Esta semana, he salido de dudas. Al tratado con Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) anunciado hace unas semanas, se suma un tratado con Estados Unidos, que permitirá que manden a Europa más de 100.000 toneladas de carne al año. Ambos tratados aún no han sido aprobados por la Unión Europea, y espero que nuestros políticos piensen ya no en los miles de familias que dependen de la ganadería, sino en toda la sociedad europea, pues, de aprobarse dichos tratados, llegarán a nuestros supermercados toneladas de carne que nada tienen que ver con la aquí producida, me atrevo a decir que podríamos incluso hablar de un problema de salud pública.

Últimamente, a diario, se habla del enorme despoblamiento rural que sufrimos. En los pueblos la gente vive del campo, ¿quieren, señores políticos, que los pueblos se llenen de vida otra vez? Quiten la mitad de leyes absurdas que hay relacionadas con la ganadería, hagan que esta sea de nuevo una forma de ganarse la vida honradamente, y, por supuesto, no firmen tratados que nos van a perjudicar más que beneficiar, porque en Europa ya hay más oferta que demanda de carne, y la posible llegada de más carne aún puede desestabilizar el sector y crear incertidumbre en las explotaciones, lo que hará que cierren más ganaderías y que más pueblos desaparezcan para siempre.

Las pequeñas explotaciones de España y Europa cierran a diario no solo asfixiadas por el bajo precio de sus productos, que en las últimas décadas nada ha variado ( a diferencia de los costes de la vida), sino también por la enorme burocracia que impide al ganadero estar con sus animales y le obliga a estar día tras día en una oficina; y ahora, de la noche a la mañana, puede que empiece a llegar carne de otros países, donde no tienen nuestros estrictos controles sanitarios, de identificación animal, sobre el uso de fitosanitarios o medicamentos, bienestar animal, etcétera, por lo que competir con ellos será muy complicado, solo podemos apostar por la gran calidad de nuestras carnes, y no por la cantidad.

Espero que los consumidores sepan apreciar qué es más importante. El tiempo lo dirá, porque, por lo general, al consumidor nada le importa la calidad de la carne, nada le importa si el animal se ha criado en una explotación familiar, alimentado de forma tradicional. Si puede comprar carne de dudosa procedencia, de animales hacinados en cebaderos industriales, con piensos artificiales y sin ningún cariño por parte de sus dueños, y con todo esto puede ahorrarse un triste euro por kilo de carne, lo hará, condenando a los ganaderos a cerrar sus explotaciones y, lo que es peor aún, condenando a España y Europa, porque, cuando se haya acabado con la ganadería aquí, y tengamos que importar toda la carne de esos países, ellos pondrán el precio que quieran, y no podremos hacer nada, salvo vivir de los osos, lobos y jabalíes; de esos sí podremos vivir, tranquilos.

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