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¿Los inmigrantes generan inseguridad?

8 de Agosto del 2019 - José Viñas García (Oviedo)

Así dicen muchos, otros insinúan sin ruborizarse que se les trata mejor que a los propios españoles. También lo decían hace años con los gitanos cuando el Estado se propuso sacarlos del chabolismo y darles vivienda decente y un salario social para que pudieran sobrevivir; por aquella, logramos erradicar casi al completo aquel chabolismo inmoral y vergonzoso por todo lo que representaba para un país desarrollado.

Ahora toca lidiar con los racistas y xenófobos que persiguen y trasladan sus prejuicios al resto de la sociedad. Cuanta más gente viva en un lugar, no hay duda de que se acentúan los delitos, ya fueran extraños o autóctonos los habitantes.

Asociar delincuencia e inseguridad a inmigración es tener una carga importante de exclusividad, salvo que en vez de acoger a esa gente que viene huyendo de la barbarie de las guerras, de los genocidios, invasiones o de la más absoluta pobreza... los despreciemos y dejemos vagar y buscarse la vida sin ayuda, sin apoyo, entonces sí, de algo tendrán que comer y sobrevivir, ¡digo yo! Por ello, es necesaria una política integradora, donde no se deje a una sola persona abandonada a su suerte, sea de aquí o de casa de los demonios. Pretender vivir en una isla de prosperidad rodeados de miseria es imposible. Frase que se le asocia a Ayrton Senna, pues excelente reflexión para todo un campeón.

“Cuando hay miseria y atraso en un país, no solo sucumben la libertad y la democracia, sino que corre peligro la soberanía nacional” (A. Frondizi). O sea, la miseria es la que hace peligrar la seguridad ciudadana y todo nuestro sistema de libertad, bienestar y democracia. Por lo tanto, no podemos dejar deambulando personas sin oficio ni beneficio, su necesidad se convertirá en delincuencia obligada. La hipocresía de este país es alarmante, los unos critican a los que vienen a pedirnos ayuda, otros para quedar bien los dejan entrar, pero a sabiendas de que sin ayuda solo les queda vegetar y mendigar sin más. Sabemos que están desperdigados por todo el país, sin papeles, sin trabajo, y tienen que sobrevivir como puedan, sin que nuestras autoridades pongan solución a tanta hipocresía. Bueno, qué digo, basta observarnos a nosotros mismos, cuando nos llegó la crisis, incluso a los propios españoles se les dejó sin posibilidades, perdieron propiedades, empresas, cayeron en la más absoluta miseria, miles o millones de jóvenes han tenido que emigrar en busca de un futuro que aquí los políticos no les ofrecían. Eso sí, ellos seguían bien posicionados, sin dimitir ninguno de ellos.

Decía R. Mauregui: “No entiendo cómo se puede defender un sistema en el que muchos perros viven mejor que las personas”. Así es, salen colectivos defendiendo animales que como plagas invaden todo, ya sean palomas y gaviotas, que complican la vida en las ciudades; cormoranes y nutrias, que se comen todas las truchas de los ríos; lobos descuartizando ovejas y ganado doméstico; jabalíes invadiendo autopistas, ciudades, villas y pueblos causando accidentes, destrozos en árboles frutales, cosechas y pastos, siendo portadores de enfermedades; perritos con cordel encerrados en pisos, algo que debiera estar penalizado; y ahora osos para redondear la faena de la idiotez completa.

Mientras esto ocurre, se abandonan a las empresas, autónomos, trabajadores, pensionistas, viudas, mayores, viejos, familias, refugiados e inmigrantes. Para quedar bien consigo mismos, tachan a los inmigrantes como fuente de inseguridad, delincuencia y manadas peligrosas… como si los que somos de aquí fuéramos mejores en todo ello. Dicen que los desempleados son unos vagos, para luego abusar de ellos y darles limosna en vez de salario digno. A los ancianos se les acusa de quejarse demasiado y gastar el presupuesto en sanidad… ¡claro, imbéciles, ustedes no llegarán a viejos!

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