Sánchez Calvo y el Gorfolí
A raíz del reciente artículo publicado en La Nueva España sobre las denominaciones del Gorfolí, me gustaría aportar el extracto de un artículo mío, publicado en el número 84 de la revista "Vetusta" en mayo de 2015. En el mismo, se recoge cómo esta misma polémica ya existía hace 140 años.
Estanislao Sánchez Calvo fue un escritor y filósofo nacido en Avilés el 6 de mayo de 1842. En 1852 se trasladó a Oviedo, donde cursó el Bachillerato en la Facultad de Filosofía. Más tarde, estudió la carrera de Leyes en la Universidad de Oviedo, donde sería profesor auxiliar de Hacienda Pública y Economía Política. Tras ejercer, durante poco tiempo, como abogado en esta ciudad, se trasladó a Madrid.
Fue diputado provincial suplente por Avilés entre 1868-1871 y alcalde de Oviedo durante un breve periodo que va de 1872 a 1873. Ya en la Primera República, entre febrero de 1873 y enero de 1874, ejerció como secretario particular del ministro de Hacienda Manuel Pedregal, a la par que como oficial letrado del mismo ministerio. Tras la caída del régimen republicano, se retiró a su Avilés natal, abandonando definitivamente la política. A partir de entonces, su posición de rentista le permitió dedicarse a aquello que más le atraía: la filosofía, la lingüística y la filología.
Dejando a un lado su faceta como filósofo, cabe destacar que fue uno de los mayores políglotas de su tiempo, ya que estudió diversas lenguas antiguas (hebreo, sánscrito, caldeo, sirio, armenio, copto, griego y latín), así como otros idiomas modernos, entre ellos el dificultoso euskera.
En 1884 publicó el libro titulado "Los nombres de los dioses" donde investiga sobre un posible primer idioma originario. Asimismo, fueron numerosas sus colaboraciones con publicaciones regionales y madrileñas.
Precisamente en este libro, sorpresivamente, aparece una mención al Gorfolí, que a continuación extracto:
"Por fortuna las huellas del eúskaro son muchas y bien distribuidas para que pueda caber duda respecto de su existencia en toda la Península. Basta echar una mirada sobre el mapa para convencerse de que una gran parte de los nombres de pueblos, ríos y montes tienen este origen; marcándose esto más, naturalmente, en las provincias que sufrieron menos las dominaciones extranjeras. En Asturias, por ejemplo, los nombres de Gauzón, Caranga, Carabia, Trubia, Burón, Borines, Gorfolí, ofrecen todavía perfectamente conservada la forma eúskara, sin más alteración que el tránsito de las guturales suaves á las fuertes; y en otros muchos que pudiéramos citar, se marca como en éstos la coincidencia de la forma intacta y del significado adecuado y propio á la topografía del sitio.
Podemos asegurar en vista del precioso mapa provincial de Schultz, verdadero cuadro de toponimia eúskara, que en Asturias, sin que admita duda, se hablaba vascuence hace dos mil años. Este mismo nombre de Asturias es una prueba de ello."
Esta mención me alentó a indagar sobre la existencia de algún artículo donde Sánchez Calvo profundizase sobre estos topónimos. Dado que fue activo colaborador de numerosas publicaciones, era fundamental revisarlas. La investigación tuvo éxito, en el Número XV de 25 de marzo de 1878 de la "Revista de Asturias: ilustrada científico-literaria" publicó un artículo titulado "El eúskaro y sus vestigios en Asturias", del que transcribo el siguiente extracto:
"Una de las más altas cimas que encuadran la cuenca de Avilés, es la que llama el vulgo Pico Barzolín, á cuya falda se halla situada la aldea de Illas. No todos le dan aquel nombre, sin embargo, y muchos saben que debe llamarse Gorfolí. Henos aquí en presencia de una palabra que ha sufrido una alteración notable, mejor dicho, que la está sufriendo desde hace un par de siglos a esta parte. Un siglo más, y nadie se acordaría probablemente en Avilés del verdadero y antiguo nombre de la montaña Gorfolí. Esto es curioso, por que nos hace asistir á una alteración en vías de hecho.
Ya podía venir después algún filólogo diciendo que Barzolín había sido antes Gorfolí, y se le echaría con cajas destempladas. Felizmente, el nombre antiguo se conserva aun. Hay una alteración que pudiera extrañar á mas de un crítico: una G convertida en B y una F en Z; pero como el hecho se está llevando a cabo en la actualidad y los dos nombres existen á un tiempo mismo, la duda no es posible. Precisados, pues, á creer que Barzolín fue Gorfolí, no puede haber inconveniente en admitir que la forma primitiva de esta palabra haya sido Gor-bolli. Es como se ve, mucho más normal esta alteración que la primera, siendo el paso de la f a la b cosa común y corriente en filología. Gorbolli ó Garbelli significa en vasco cumbre redonda, y la forma de la montaña es así en efecto".
De una lectura detenida del artículo de Sánchez Calvo, se pueden extraer las siguientes conclusiones:
1) En todo momento el avilesino Sánchez Calvo se está refiriendo al pico de las antenas. Veamos las pistas que nos inducen a colegir esta hipótesis:
a) Se refiere a "una de las más altas cimas que encuadran la cuenca de Avilés". Desde la comarca avilesina el pico de las antenas es omnipresente. Sin embargo, el picacho llanerino desde Avilés es prácticamente inapreciable. Para distinguirlo hay que situarse hacia el sureste de la villa, pero desde esta nueva perspectiva solo se ve la parte superior, perdiendo su característica principal, su perfecta forma cónica, por lo que es preciso, además, tener un ojo avezado que haya visitado la zona.
b) Sánchez Calvo se refiere a una "cumbre redonda, y la forma de la montaña es así en efecto". Sobran comentarios: el picacho llanerino es picudo, el serrano alomado.
c) Sánchez Calvo sitúa geográficamente el pico de la siguiente forma: "á cuya falda se halla situada la aldea de Illas". Si bien en la actualidad diríamos que a su falda se sitúa el concejo de Illas, en vez de la aldea. La referencia es precisa y no da lugar a dudas, puesto que en la faldera del picacho cónico solo hay aldeas del concejo de Llanera.
2) Según testimonia Sánchez Calvo, el nombre popular o "del vulgo" en el siglo XIX era Pico Barzolín.
3) Por último, para Sánchez Calvo "el verdadero y antiguo nombre de la montaña es Gorfolí". Además, añade que dicho nombre en el siglo XIX se estaba perdiendo, por lo que aboga por su recuperación.
Recapitulando, la afirmación repetida de que el afilado cono de Llanera de 587 m. es el legítimo poseedor del topónimo Gorfolí no es ni tan clara, ni tan evidente como afirman algunos. Incluso, más bien del estudio de los textos de Sánchez Calvo se desprende lo contrario.
Por último, tampoco parece que desde Llanera que haya tanta polémica cuando desde la propia página web municipal se designa como punto más elevado del concejo al "Pico Gorfolí (617 metros), en el límite municipal con Illas".
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