Tenemos un maravilloso HUCA... pero el buque hace agua
El día 29 de julio el azar hizo que diese un tropezón a la entrada del centro de salud de La Corredoria. Caí sobre mi rodilla izquierda y ahí comenzó el viacrucis. Haciendo honor a la verdad, en el centro de salud todos sin excepción se volcaron en ayudarnos a mí y a mi esposo, que me acompañaba. Desde aquí quiero agradecer a los celadores, médicos, enfermeras por su apoyo. El problema surgió por la carencia de equipos de Rx en el centro de salud, por lo que fue necesario remitirme al HUCA.
Reconozco que en aquel momento de ofuscación mi cerebro no reaccionó adecuadamente, debimos dirigirnos a la Clínica Asturias, pues tengo un seguro privado con ASEFA, pero... nos fuimos al HUCA en una ambulancia gestionada con premura y con una atención exquisita.
Al aterrizar en urgencias entré en el sistema de clasificación: la mía era verde. Pasamos, pues, a la sala de traumatología. La sala no estaba atestada de pacientes ni mucho menos. El tiempo comenzó a transcurrir. Una hora después, mi fractura o lo que fuese comenzó a doler y tuve que solicitar un analgésico, que me fue administrado. Pasadas tres horas el dolor había regresado, pedí a mi esposo marcharnos.
Tan pronto como manifestamos nuestra intención, inmediatamente fui llamada a boxes. Recordemos solo por un instante la hora: 3.00 p.m., ¡la temida hora de la comida!
Tengo que conocer que el MIR que me realizó el reconocimiento fue muy profesional y me comentó lo que ya me temía: parecía una fractura de rótula. Para confirmarlo habría que esperar el resultado de Rx.
Regresamos al salón de la paciencia infinita, donde todo permanecía inamovible. Mis compañeros de infortunio estaban tan desesperados como yo, pero acostumbrados a una resignación contraria a mi naturaleza.
¿Cuál era el problema subyacente? ¿Por qué en un hospital modernísimo, dotado con el equipamiento más sofisticado, el servicio de urgencias es tan lento? Porque el color verde indica que lo tuyo puede esperar y esperar hasta el infinito?
¿Por qué la "gratuidad" del servicio termina minando su eficiencia?
¿El problema es humano? Solo dos celadores encargados de trasladar a los pacientes desde la sala de espera hasta Rx, que en algún momento escuché que ¡estaba saturado! Desde luego, con las urgencias de traumatología no.
Dos de mis vecinos de desesperanza ¡llevaban cinco horas allí!!
Yo me harté y le dije a mi esposo que nos marchábamos. Lo comuniqué en la recepción y no dejó de sorprenderme la indiferencia, desidia y carencia de empatía que encontré en las entrañas del buque insignia del sistema de la Seguridad Social en Asturias.
Salí en la silla de ruedas mientras mi esposo buscaba el coche en el aparcamiento. Un celador, ahora sí, corrió tras de mí para decirnos que no nos podíamos llevar la silla de ruedas. Cuando protesté, pues no pretendíamos llevarla, el guardia de seguridad me amenazó espetándome: usted debe hablar más bajo y cuidar su tono.
Me quedé en pie, sobre el derecho, el sano, esperando para entregarme en brazos de mi seguro privado. Eran las 3.30 p.m. Una hora después, con mi pierna izquierda con una férula, íbamos de regreso a casa. Mi esposo y yo nos miramos y dijimos al unísono: ¿por qué demonios fuimos al HUCA?
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