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Juan Sebastián Elcano: odisea cristiana circunnavegación

19 de Agosto del 2019 - Fidel García Martínez (Gijón)

El 22 de marzo de 1518 quedaba sancionado un acuerdo que cambiaría la historia de la navegación, firmado por Carlos I y la reina madre, Juana, con el portugués Magallanes, con el fin de organizar una expedición comercial siguiendo la ruta a las islas de la Especiería. Un año y medio después 265 hombres, según al historiador F. Navarrete, el 10 de agosto, el día de San Lorenzo, salían de Sevilla cinco naos bautizadas cristianamente: "Trinidad", "San Antonio", "Concepción", "Victoria" y "Santiago". Magallanes murió en Oriente, pero la empresa siguió su curso, con el marinero guipuzcoano Juan Sebastián Elcano al frente; desde Tidore la empresa logró su objetivo más importante, tal como reconoció el emperador Carlos I cuando además de concederle una renta anual muy cuantiosa, 500 ducados de oro y un escudo de armas con el siguiente remate (cimera), un globo terráqueo con la leyenda: “Primus circumdediste me” (fuiste el primero que me diste la vuelta).

La odisea de la circunnavegación. Tras la muerte violenta de Magallanes los españoles establecieron fructíferas relaciones comerciales y resistieron la oposición los portugueses contrarios a los planes y negocios españoles, lo que motivó en estos un fuerte deseo de regresar a España, como anota el cronista Pigafetta: “Estaban decididos a llegar a España, siguiendo a su capitán” (Elcano). El 18 de diciembre intentaron el regreso, pero las condiciones de navegación, las deficiencias de la estructura de las naos, además de la oposición de los portugueses, impedían el regreso. Fue el momento en el que Elcano tomó la decisión que le llevará a la fama histórica: volvería a España por el Este, océano Índico. Esto suponía que el viaje sería más corto y la Corona de España conocería antes la gran hazaña, pero suponía que los portugueses pondrían inconvenientes a los marinos españoles por lo que debían navegar con cautela y lejos de las rutas lusas.

El día 20 de mayo se hicieron de nuevo a la mar, siempre vigilantes ante la amenaza portuguesa. El cronista Pigafetta anota: “los cadáveres cristianos daban siempre cara al cielo y la de los indios cara al mar”. Dada la situación lastimosa de los hombres se hizo una última escala en Cabo Verde. Allí los portugueses apresaron a algunos que habían bajado para el aprovisionamiento de víveres. Continuaron rumbo al cabo San Vicente. Después de 3 años fondearon en Sanlúcar. Entraron, como habían partido. Sevilla, el 8 de septiembre de 1522, fiesta de Nuestra Señora de la Victoria, protectora de la nao del mismo nombre, los 18 hombres supervivientes con el Elcano a la cabeza en camisa y descalzos, fueron en procesión cumpliendo el voto en el templo de Nuestra Señora de Victoria y a la iglesia de Santa María la Antigua. De las cinco naos que partieron solo la Victoria regresó con su tripulación, al mando de Elcano: habían dado la vuelta a la Tierra en un viaje que cambió el mundo entonces conocido. Desde el mismo momento que llegaron se tuvo conocimiento del gran acontecimiento: Carlos I otorgó recompensas y honores a Juan Sebastián Elcano. Según el secretario del emperador, la armada española de la Especiaría había surcado la Tierra, la mayor hazaña marinera nunca realizada.

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