Volvemos en quince minutos
El título de esta carta se corresponde con algo habitual en las tiendas de barrio, cuando el dependiente o la dependienta de turno se tienen que ausentar por cualquier razón y dejan un cartel anunciando su regreso.
Esta práctica es relativamente frecuente en el comercio minorista, pero nunca hubiera pensado encontrar un cartel con este texto en una sucursal bancaria de Madrid.
Traigo a colación este incidente porque, lejos de la pura anécdota, esconde una dramática realidad que están viviendo los bancos, en general.
La realidad es que los bancos no saben qué hacer con el dinero disponible, cada vez la rentabilidad de los mismos está más cerca del 0%, por lo que no es descabellado pensar que, en un breve periodo de tiempo, se vean obligados a cobrarnos por nuestros depósitos, como ya vienen haciendo con el más mínimo movimiento de capital, para mantener la pesada estructura que les asfixia.
Y volviendo al letrero en cuestión, no será mala señal verlos a menudo, porque indicará que, aunque con uno o dos empleados, nuestro banco de toda la vida permanece abierto, porque hemos depositado en él toda nuestra confianza, no nos ha fallado nunca, y ahora tenemos que seguir haciéndolo, pues, de lo contrario, difícilmente encontraremos mejor fórmula para cuidar de nuestros intereses.
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