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Señoras sopranos, debieran soplar 30 años antes

15 de Agosto del 2019 - José Viñas García (Oviedo)

Sean mezzosopranos, sopranos, bailarinas o danzarinas, ¡es igual! Ustedes, si han sufrido hace treinta años acoso y abuso por parte del tenor, debieran haber denunciado por aquella, o no prestarse al juego del jefe porque les convenía, ahora ya no vale. Lo único que consiguen es empañar la carrera de ese señor y desmerecerse a sí mismas.

Ser mujer no es sinónimo de sumisión y victimismo; ser hombre tampoco es ser un energúmeno en potencia. Si fuera el caso donde una mujer (por aquella o ahora) se encontrara en situación de ser acosada por el jefecillo de turno, debe prevalecer en ella un principio de dignidad personal y jamás aceptar ser moneda de cambio para estar y arribar hacia el éxito laboral. No estamos hablando de unos delincuentes que te encuentras por la calle, donde existen serias dudas entre ser víctima por temor a males mayores o serlo por voluntad propia y que luego por razones varias se retuerzan las debilidades sexuales para parecer, defendida por una ley discriminatoria, que usted no podía decir que no por temor a esos energúmenos. En cambio, lo de Plácido Domingo y casos similares, usted, ustedes bien podrían plantarle cara a ese tenor salido. Si por aquella no denunciaron y se fueron de su vera, todo demuestra que les venía bien aguantar alguna que otra invitación o manita fuera de lugar. Salvo que las forzara a mantener relaciones o las violara, entonces no tendrían perdón ni ustedes por no denunciar por aquella, ni él por ser un delincuente protegido. Pero creo que no, que todo va más en relación a insinuaciones, piropeos, coqueteos, flirteos, cortejos gruesos, atenciones... que por aquella no tenían el alcance mediático de ahora. Es más, las mujeres eran grandes expertas en ese tipo de insinuaciones y acosos cuando les gustaba un hombre. Ahora todo retrocede; si es delito un piropo (parto de que no me gustan, si alguien debiera decirlo, que se lo diga a su mamá), estaremos censurando hasta nuestra propia existencia. La única que habló no dijo más allá de simples proposiciones; si no se pueden llegar a hacer proposiciones, sean las sean, mal vamos. Es simplemente negarse, decir que no, e incluso responderle con un rapapolvo si tanto nos afectara, pero de ahí a convertirse en delito sexual va un abismo.

La misandria y la androfobia no pueden llevarse hasta extremos donde una simple mirada o un halago se convierta, te convierta, en un depredador sexual sin más.

Hay que acabar con los abusos, acosos, violaciones, delitos de todo tipo contra la mujer y contra cualquier hombre; pero ello solo lo lograremos juntos, separados será considerar la sociedad en dos bandos contrapuestos, cuando la realidad es que nos necesitamos los unos a los otros.

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