Vacaciones con sabor a cielo
Estos días de vacaciones, en los que muchos ciudadanos estamos disfrutando del turismo en otros lugares de nuestra tierra o de otros países, podemos tomar conciencia de la gran belleza de este mundo nuestro. Un mundo apasionante, con una grandeza estética inusual, con obras maravillosas: tanto las naturales como las construidas por el ser humano. La variedad de parajes naturales, de seres vivos, de ciudades, de monumentos, de culturas, de costumbres y tradiciones, de ritos religiosos, de razas, de gastronomía, de tantas y tantas cosas, nos tiene que hacer reflexionar sobre el origen de este bello y encantador mundo en el que vivimos.
No parece muy acertado pensar que todo esto es fruto del azar, más bien acertaríamos quizá si pensáramos que toda esta amalgama maravillosa tiene un creador. Un creador que podemos llamar Dios.
Vemos claro que nosotros no somos los creadores de esta gran obra; sí, eso sí, somos colaboradores de un gran y soberbio proyecto; pero el diseñador, el Creador, el origen, es de un ser superior, infinitamente superior a nosotros y al que con nuestra mente finita no podemos llegar a comprender.
Hay quien dice: ¿y quién creó al Creador? Nosotros no podemos tener respuesta a ese hecho que por nuestras limitaciones nos supera. El sabio dice: “Solo sé que no sé nada”; sin embargo, el ingrato ignorante, dada su ignorancia, quiere sacar los colores a Dios preguntando ingenuidades o aclarando los porqués, y ello evidencia lamentable el poder de su mezquina ignorancia y su lamentable capacidad de discernir.
La grandiosidad del cosmos debería llevarnos a pensar en la infinitud de ese Dios, y también a buscar en la tierra dentro de las distintas religiones lo que más y mejor se ajusta a esta extraordinaria obra creadora.
Para los cristianos, el camino está diseñado, dado que Jesucristo se hizo presente en la historia humana de esta tierra nuestra. Y están los libros sagrados. Y está el mensaje directo de Jesucristo hecho hombre. Y está la tradición. Y está la Iglesia.
Es bueno que en estos días de descanso, en los que disfrutamos también de la belleza de tantas cosas, pensemos en el sentido de trascendencia de nuestra vida, pensemos en el creador, pensemos en la creación y en la infinitud de la vida eterna que viene posteriormente a nuestra muerte. Pensemos también en los paraísos terrenos, pero pensemos ¡cómo no! en el eterno paraíso del cielo. Paraíso que es el alfa y el omega de nuestra existencia.
La tierra pasará, pero Jesucristo dice tajantemente que sus palabras no pasarán. Por lo tanto, parece coherente que escuchemos y pongamos atención a esas palabras.
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