Sin familia no hay paraíso
Publica LA NUEVA ESPAÑA del jueves día 15, festividad de la Asunción de Nuestra Señora, una noticia que puede sonar alarmista y apocalíptica. Según el prestigioso demógrafo gijonés Rafael Puyol, Asturias, que pierde 3.000 habitantes al año, de seguir así desaparecerá en 2400. Este realismo desolador del sabio profesor Puyol contrasta con el optimismo paradigmático de algún político.
En la familia, las sociedades, también Asturias, se juegan su futuro y no es de extrañar que las nuevas visiones de la familia y del matrimonio supongan un desgarro en la sociedad. La consideración natural del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, común a todos los pueblos al margen de creencias, se ha visto cuestionada por la legalización de uniones que poco tienen que ver con la realidad natural de la unión estable y duradera para el amor y la procreación de un hombre y una mujer. En la nueva visión de la familia y de la filiación se prescinde de los conceptos básicos, naturales y elementales: padre, madre, esposa, esposo... y en su lugar se recurre a fórmulas de lógica abstracta como cónyuge A y cónyuge B. Todo esto está basado en la llamada ideología de género, que pretende socavar todas las diferencias entre hombre y mujer por ser no de naturaleza natural y biológica sino ideológica y, por lo tanto, poderse cambiar según la ideología del Gobierno de turno.
Jueces y magistrados discrepan sobre algunas disposiciones jurídicas sobre aspectos puntuales y conflictivos temas muy interesantes en las relaciones familiares, como la filiación y la paternidad, el divorcio rápido, el régimen de visitas, la custodia compartida, pensiones ante las rupturas matrimoniales, el papel de los abuelos en la custodia de los nietos, manutención de los hijos en caso de separación o divorcio, régimen matrimonial, separación o gananciales... Temas de gran complejidad para la filiación como madre biológica, madre adoptante, vientre de alquiler, que más parecen de ciencia ficción que hechos de filiación reales. Reconocen los jueces que los tiempos han cambiado mucho en el tratamiento jurídico de la familia. Las nuevas generaciones tienen las cosas muy complicadas: en una época en que las relaciones entre los sexos se están banalizando y vulgarizando y no se quieren asumir los pros y los contras de relaciones legalizadas y normalizadas. Con todo, el futuro pasa por la familia, matrimonio y natalidad, y sin eso no hay futuro, por muchas modificaciones legislativas que se quieran inventar. El aumento del número de abortos en España, contemplado como forma de control de natalidad, es un drama que está minando su futuro económico, social y no solo moral. Sin natalidad no habrá ni para pensiones. Pensar que con la destrucción de la familia se contribuye a la dignidad de la mujer es un sarcasmo reaccionario. La Iglesia católica tiene mucho que decir sobre la familia y no necesita ninguna revisión esencial de la doctrina firme y segura que ha sido revelada y que el Magisterio Ordinario y Extraordinario siempre ha enseñado. La posmodernidad, con su abolición de todo relato que dé consistencia a la familia, no puede inspirar nada positivo para el análisis de la familia, su presente y su futuro.
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