¿Progresismo? ¿Cómo diz?
Según he podido leer en alguna esquina de internet, el progresismo consiste en proponer unas políticas socioeconómicas que estén dirigidas a alcanzar condiciones de progreso alcanzables. Es mala la definición, y no solo por repetir la palabra alcanzar/ables.
Los que por edad, somos ya “mayores”, hemos tenido la suerte de habérnoslas con el latín, en aquel “plan 53” del correspondiente Bachillerato, y sabemos que “gressus” era un verbo que denotaba movimiento. El asunto estaba fácil, muy fácil.
Si llevaba delante la partícula “pro” era que se caminaba hacia adelante, era progreso.
Si por el contrario la partícula era “re”, se caminaba hacia atrás, era regreso.
Si la partícula era “in” se caminaba hacia dentro, se entraba a algún sitio, era un ingreso.
¡Ojo!, en cada caso había que mencionar adónde se caminaba. Cuál era el final. Lo que ahora se llama la meta. Si estoy ahora más cerca de la meta, progreso. Si por el contrario estoy más lejos, regreso.
¿Se puede decir que Asturias es “progresista” siendo la comunidad autónoma que va a la cabeza en número de abortos?
¿Se puede decir que Asturias es “progresista” siendo la comunidad autónoma que va a la cabeza en número de suicidios?
¿Es esto, los abortos y los suicidios, un progreso?
¿Hay alguien que diga que Asturias debe eliminar población para ser sustituida por los “aliens”; sean estos subsaharianos, hispanos, rumanos, etcétera? ¿Es esto una meta para alguien?
¡Asusta la respuesta!
Hace días, la aparición del cadáver de un recién nacido en un contenedor disparó el sensacionalismo. Todo el mundo se estremecía, es un decir, por el horror. Claro, habitualmente no se mira en lo que hoy se llaman “residuos hospitalarios”, porque ahí están los restos de las criaturas que han sido sacrificadas, y no son pocas, pero eso ya está admitido. Debe ser que vamos “progresando”. No se sabe dónde vamos, pero parece “que el progreso nos impele”.
Para algunos, eso que se llama “progreso” es un vehículo cómodo, que se vende bien. Lo contrario asusta. En el imaginario público, uno se ve con taparrabos y gomeru si no es “progresista”.
Debe ser otro progreso importante el que traerá consigo el asunto de la “llingua”. Se tendrán que poner traductores en la Junta, en los ayuntamientos, en las consultas de la Seguridad Social, se editarán todos los papeles oficiales en los dos idiomas. Veo progreso por todos los lados, aunque, eso sí, un pelín más de lío y un pelón más de gasto.
Quizás se alcanzase así aquel sueño transformado en un grito, en un mitin andaluz: ¡Felipe, colócanos a toos!
Como ejemplo de lo que no debe ser el progreso, me permito recordar la película de “Los hermanos Marx en el Oeste”, en la que al grito de ¡Más madera! se iban quemando los vagones de un tren para alimentar a la locomotora y que así esta siguiera adelante. Es una escena mítica que nos avisa de que no siempre el correr hacia adelante es un progreso, y puede ser un suicidio o cosa parecida, y grave.
Por ejemplo: no puede ser un progreso que siete sucesivas leyes traten de conseguir enderezar la enseñanza, y la enseñanza sea, cada vez más, un desastre mayor. ¿Me se oye?
Progresar, lo que se dice progresar, era lo que hacía Villa con un pañuelo rojo al cuello y el puño en alto en Rodiezmo mientras cantaba aquello “de la lucha final”.
Progresa adecuadamente, se decía. ¡Bien dicho, sí señor!
¡Con un par!
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