Veinticinco años
En el mes de junio de 2003 me encontraba disfrutando de unas cortas vacaciones de inicio de verano, en Peñíscola. Recuerdo que estaba en la playa, deleitándome con la lectura de la última novela de García Márquez, "El General en su Laberinto". Mi mujer me sacó de mi ensimismamiento: ... ¿Has oído lo que ha pasado en Madrid?
Ya me había olvidado de las elecciones autonómicas de Madrid. La izquierda había ganado las elecciones. El PSOE e IU habían obtenido 56 diputados, suficientes para gobernar con mayoría absoluta y enviar a la oposición al PP, que llevaba gobernando la comunidad autónoma 10 años. PSOE e IU. Habían alcanzado un acuerdo programático de gobernabilidad y sólo quedaba refrendarlo en la sede de la voluntad popular de los madrileños que es la Asamblea de Madrid, convocada a los efectos para el día 3 de junio de ese año.
El disgusto que venía a compartir mi mujer conmigo consistía en que dos diputados del PSOE (Eduardo Tamayo y Teresa Sáenz) no se habían presentado a votar en el Parlamento madrileño, dejando a sus compañeros con 54 diputados, impidiendo así el gobierno de progreso que los madrileños expresaron en las urnas. Generaron una repetición de elecciones, cinco meses más tarde. Nadie ha vuelto a saber nada de los diputados tránsfugas. La justicia no ha investigado, pero los beneficiarios del "golpe" se llaman a sí mismos constitucionalistas.
La desazón en las filas de la izquierda pasó de la incredulidad, de los primeros momentos, al miedo por abstención de sus votantes ante el esperpento. Los miedos no eran infundados, la repetición de elecciones en octubre se saldó con la abstención más alta que había sufrido la comunidad autónoma y el triunfo de la derecha. Esperanza Aguirre (PP) se benefició de la abstención y se convirtió en presidenta de la comunidad autónoma más importante de España y a gestionar veinte mil millones de euros.
En estos 25 años de gobierno de la derecha no sólo han desmantelado la sanidad pública en beneficio de la privada, la educación pública agoniza y resiste a duras penas y las políticas sociales sólo han conseguido frenar su deterioro, al menos en Madrid capital, en los últimos 4 años con Manuela Carmena, como alcaldesa de la capital.
Todo ello que, ya de por sí es malo, a la hora de cohesionar la sociedad vino acompañado de la etapa más corrupta del PP. Madrid y Valencia han compartido "el honor" de acaparar los mayores escándalos de corrupción de este país. La mayor parte de sus dirigentes están en la cárcel, procesados o imputados. La nueva presidenta, Díaz Ayuso, lejos de romper o distanciarse de la herencia recibida en relación con la corrupción, en su discurso de investidura ha reivindicado a sus antecesores, pero en su afán de atacar a la izquierda (venga o no a cuento) insiste en su discurso vacío, que con ella "llega la libertad a la Comunidad Autónoma de Madrid" (¡!). ¿Está diciendo que en estos 25 años de gobierno del PP (con Alberto Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre, Ignacio González, Cristina Cifuentes) los madrileños estaban encadenados?
Como el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra; la izquierda, históricamente en España, tropieza una y mil veces... jamás aprenderá. Hoy no hay tránsfugas (¡toco madera!) pero hay una maldita condena bíblica para no entenderse.
¿Han visto cómo ríen los representantes de PP, Cs y Vox (derecha y extrema derecha) en la Asamblea de Madrid? Conocen nuestra Historia... Juegan con ventaja.
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