Le puede pasar a cualquiera
Imagínese que es usted un ciudadano que va caminando por la calle y al doblar una esquina se le echa encima un policía nacional, le reduce y le pone las esposas, y le mantiene en esa postura, sin más explicaciones, hasta que llegan más refuerzos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, metralletas en mano.
Imagínese la cantidad de cosas que le pasan por la cabeza hasta que la Policía comprueba que ha sido un error de identificación. Estaban buscando a un atracador y le han confundido con usted. El Policía que se le abalanzó acabó pidiéndole excusas y usted pudo seguir su camino.
Esta historia no es un episodio de ciencia ficción. Es más real que la vida misma y le ha ocurrido esta misma mañana a mi hijo Pablo, cuando se dirigía a visitar a un cliente. Según me ha contado, llevaba en la mano un catálogo de los productos de la empresa para la que trabaja, en la otra mano la muestra de una botella y en la mochila más muestras y catálogos.
Después de revisar la mochila, de ver su DNI y de comprobar que había sido un error de identificación, el policía que le redujo le ayudó a levantarse, le quitó suavemente las esposas y se disculpó educadamente.
Cuando me ha llamado para contármelo, mi hijo no se acababa de creer que le hubiera ocurrido a él y estaba todavía en estado de “shock”. Yo le he recomendado que lo mejor que puede hacer es pensar que lo ha visto en una película, pero que, en cualquier caso, será una anécdota para contar a sus nietos.
Sin embargo, no es una anécdota más. Es algo para lo que no estamos preparados y que le puede ocurrir a cualquiera.
La Policía y la Guardia Civil cumplen con su obligación y están en su derecho de actuar de esta manera, aunque a veces cometan estos errores de identificación.
Quizá, lo más ejemplar de esta historia sea la lección que me ha dado mi hijo Pablo, porque, cuando ha terminado de contarme este episodio, me ha manifestado que estaba tranquilo porque, si en vez de ser él, hubiera sido el atracador de verdad, esto no sería una anécdota, sino un servicio más a la sociedad, de los que a diario tienen que hacer las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado arriesgando su vida en muchas ocasiones.
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