Carmen Calvo y el socialismo de carné
El fiscal de Agrigento da la razón a Óscar Camps, aunque inmovilizando su barco, y se la quita a Matteo Salvini y a Carmen Calvo. La sinrazón del primero no puede seguir atrincherada tras razones de Estado y ha de devolver su perfil xenófobo al mundo de las ideas inquietantes. La ignorancia petulante de la segunda queda inhabilitada para seguir expidiendo licencias ocasionales en el rescate marino de inmigrantes. Si algo dejó claro el bloqueo marítimo al “Open Arms” es que, tanto en Italia como en España, quien dice ser reaccionario de derechas lo es de verdad, y aquellos que proclaman su pasión progresista manifiestan cierta reticencia o contradicción para cultivarla.
A Carmen Calvo y su verbo pretencioso y rebuscado le vino grande la gestión de la crisis del barco humanitario con 83 inmigrantes a bordo. Y no puede decirse que no tuviera tiempo para elaborar una estrategia social y humanista. La odisea duró veinte días, y es seguro que en el recuerdo de las víctimas permanecerá viva cada noche. Veinte días para concitar adhesiones y acuerdos internacionales. En su lugar, Carmen Calvo optó por la indignidad de la amenaza a quienes se estaban jugando físico y patrimonio, alineándose, en cierta medida, con los principios despiadados de la extrema derecha italiana. Y lo peor, cuando le hacen mirarse al espejo mantiene una posición de falsa honestidad ideológica amparándose en el argumento simplón de pertenencia a la tribu. La fe, señora Calvo, es cuestión metafísica y no está obligada a la demostración empírica; la ideología, sí. Los principios van más allá de la foto del carné.
Menos mal que el fiscal de Agrigento, Luigi Patronaggio, puso fin al despropósito. Mientras esto ocurría, el “Audaz” de la Armada se preparaba para surcar las aguas mediterráneas y rubricar el fracaso del Gobierno español. Una vez más, el cambio de viento monclovita, superado por los acontecimientos, priva a la aguerrida tripulación de tomar un refresco con baño en el puerto de Lampedusa y cantarle a coro el “Bella Ciao” a Salvini. El buque regresa al puerto de origen sin haber calentado máquinas. El día que Europa funcione bajo criterios judiciales armónicos e independientes, la Unión Europea será algo más que un club mercantil y financiero, las miserias nacionalistas quedarán en el recuerdo y el Parlamento de Estrasburgo tendrá todo el recorrido legislativo que hoy no posee. Los valores de la Unión, empezando por el respeto a la dignidad y derechos humanos, siempre estuvieron en entredicho; después de lo acontecido, solo nos queda esperar que un principio de acuerdo interterritorial dé forma al nacimiento de un poder judicial común e independiente que atienda los requerimientos ciudadanos y dé respuesta y entendimiento a los procesos de integración efectiva que, hoy por hoy, parecen insolubles desde los poderes políticos de unos estados soberanos lastrados por el veto y la desconfianza.
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