La inseguridad ciudadana tiene raíces y soluciones
Los trabajadores deben mejorar sus condiciones no transformándose en dictaduras del proletariado, sino aprovechando un arma que tienen en la Constitución, donde los representantes de los trabajadores están con todo el derecho a la par con un sistema de partidos políticos y organizaciones empresariales en nuestro sistema democrático. Los sindicatos sabemos que llevan años haciéndolo pésimamente mal, Toxo y Méndez hicieron dejadez total, esta pareja de innecesarios fluctuaba entre la inanición y la apatía; existieron unos años cuando la crisis, que no se sabía por dónde andaban escondidos, eso sí, la nómina era cobrada. Consintieron al Gobierno de ZP, primero, y luego al de Rajoy ser sometidos a un inconstitucional tratamiento, para ellos aplicar recortes y pérdidas de derechos adquiridos a sindicatos y a los propios trabajadores. Por aquella, deberían haber acudido ante los organismos protectores internacionales para proteger a sus trabajadores de esas crueles reformas laborales, pero prefirieron verlas venir. Otros sindicalistas por Andalucía y Asturias, para redondear la faena, andaban poniendo la mano y repartiéndose dividendos. ¡Cuánto daño hicisteis a los sindicatos y a los trabajadores que dejasteis en pelotas! Los que están ahora (Pepín y Sordo) siguen agazapados; deberían repasar la historia de dos enormes personas (Redondo y Camacho), su comportamiento, el respeto y su dedicación, donde se les tenía en cuenta para todo en los entornos del Congreso, la Moncloa y en las organizaciones empresariales. Ahora son los sindicatos una especie en extinción, por lo cual los trabajadores quedan desamparados ante el poder apoltronado de nuestros políticos y una clase empresarial que solo mira sus beneficios, sin tener en cuenta quiénes son los que producen ese rendimiento, que no son otros que sus trabajadores.
Los sindicatos son esenciales para que exijan a los gobiernos, ayuntamientos y empresas compromisos firmes para que sus aportaciones tengan una remuneración decente, proporcional y equitativa. El resto es desperdiciar el tiempo, el empresario jamás estará dispuesto a regalar por propia iniciativa un solo euro de su capital. El capitalismo de Estado acaba siempre en dictadura de las duras, por eso no es la solución jamás.
El capitalismo privado, sin control estatal, acaba siempre en monopolios destructivos para el bienestar de los trabajadores. Por ello, es necesario tener claras las posiciones de cada cual: a usted, empresario, el Estado le da derecho legal para explotar con carácter exclusivo un comercio o una industria, y debe atenerse a un sistema donde no se pueda convertir en un explotador, donde no se convierta en monopolio excluyente, que pueda despedir sin justificación, o contemple contratos precarios y salarios de miseria. Si necesita trabajadores para producir y vender sus artículos, el Estado debe marcar normas estrictas con esos representantes de los trabajadores y la parte de la patronal en convenios colectivos ajustados para ambos. El Estado, a su vez, debe velar, en un sistema de libre economía de mercado, por que no existan multinacionales y especuladores capaces de hipotecar gobiernos y países. Por eso los sindicatos deben estar siempre defendidos por todos, para que los trabajadores no se conviertan en esclavos, con salarios y contratos precarios sin posibilidad alguna de revertir una situación tan degradante.
El sistema es sencillo si se proponen comprometer a todos; vivir en un país como el nuestro es un privilegio para empresarios, trabajadores, ricos y políticos, traten de mantener una entente entre su egoísmo y la solidaridad exigida para repartir equitativamente la riqueza. La seguridad ciudadana solo se sostiene sobre unos cimientos donde todos tengan manera de sobrevivir dignamente. Pretender vivir pomposamente rodeado de miseria y pobreza es imposible; tarde o temprano verán que sembrar pobreza solo cosecha inseguridad para todos.
Por ello, de una vez por todas, debemos comenzar a fomentar la solidaridad, seguir mejorando nuestro Estado del bienestar, donde quien más tiene debe pagar más, si no quiere que se lo quiten o roben. Siempre existirán quienes se resistirán a pagar impuestos, el Estado debe obligar con fuertes sanciones si así se actúa. No se irán, como muchos dicen. ¿Dónde van a vivir mejor que en España?
Un mal que nos asuela es la economía sumergida, la evasión de impuestos y de capital. Hay que pelear duro contra todo tipo de fraude, el fiscal no es menos. Solo así un país logrará las cotas de seguridad y bienestar que redundarán en la felicidad de todos. Cuesta ceder de nuestros beneficios una parte importante, cuesta dar mejores salarios, pero no les quepa la menor duda de que solo así disfrutarán de lo que tienen; lo contrario será ir gastando en seguridad privada, hacerse búnkeres, casas fortificadas, salir de día y a escondidas. Lo que hacen en esos países que antes fueron como nosotros y en los que ahora todos temen ser robados, asesinados o secuestrados. ¿Quieren eso para España? ¡Pues pónganse las botas bien puestas!
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