Para ser constructivos hay que ser críticos
La crítica siempre sacude perezas, mejora lo bueno y azuza la imaginación. Lo que no quiere decirse que afrontemos esas críticas con ánimo de catastrofismos, no hay necesidad de ello, todo tiene solución si sabemos del error, si nos reconocemos imperfectos.
Ahora bien, empezar a hablar del fin de mundo como antaño, de malos presagios, es contraproducente, ya que, si usted ve el fin del mundo venir, díganos cómo podemos evitarlo. No nos tome por idiotas como antaño hacían la Iglesia y los futurólogos de bolas de cristal.
¿El fin de nuestros días?: los suyos, mío y de todos, es cosa segura. El fin del mundo, tal y como lo entendemos ahora, es inutilidad mental asegurar nada. No sabemos el alcance de la ciencia, la evolución de la mente humana, la capacidad de transportarse, de trasladarse a los confines del universo, los viajes interestelares o intergalácticos se harán sencillos; las emisiones de gases invernadero quizá sean otras, de otro tipo, quizá nos demos cuenta de que la mano y la mente del ser humano destruyen tanto como crea… ¿Ven soluciones? Quizás en un futuro muy próximo seamos capaces de contrarrestar ese daño con antídotos -no sé, se me ocurren cosas-. Si tan grave es ese agujero destructor en la capa de ozono, reúnan a los mandatarios de todos los países, ajústense cuentas, seguro que estarán dispuestos a que otros y no ellos regulen esas emisiones, ya que hay intereses muy grandes, empresas y economía en juego. Saben que tienen que aportar datos muy convincentes, no valen presagios de fin del mundo, ese lo tenemos todos a la vuelta de la esquina. Si todos nosotros individualmente no tuviéramos fecha de caducidad, quizá todo fuera diferente, entonces sí miraríamos por lo que ahora ignoramos por intereses económicos. Como nos moriremos nosotros, los que vengan detrás que arreen, así piensa la mayoría egoístamente; no solo para esto, para todo.
Las traslaciones físicas y mentales son inimaginables a futuro, a esos tiempos en que el mundo debiera terminarse porque lo estamos destruyendo.
¿Qué me dicen de la teletransportación cuántica?, ya lograda por científicos chinos en el 2017 de una partícula de una estación espacial a la Tierra, unos 1.203 kilómetros. ¿Eso se podrá hacer con las personas? Si es así, ya no harían falta aviones, barcos, coches... mientras tanto, podemos desplazarnos en patinete eléctrico, seguro que alguna empresa se pondrá las botas. Eso sí, los ricos que sigan comiendo carne (como antaño con la bula), los pobres fariñas (qué ricas que están), los ricos y nuestros gobernantes que sigan viajando en aviones privados, o pagados por todos nosotros, que sigan con la buena vida, mientras a los pobres miedo y más miedo. Les quitan los vehículos más económicos, les mandan comprar eléctricos. Cuando todos tengamos eléctricos, no sé dónde los vamos a cargar, si ahora enciendes el microondas y la lavadora a la vez salta el lCP (interruptor de control de potencia), lo que antes llamábamos saltar los plomos. ¿Cómo lograríamos en un edificio todos recargar los coches a la vez? ¿De dónde sacaremos esa electricidad si ahora cerramos todas las centrales sucias? Además, no hace falta: con los salarios y empleo actuales, solo tendrán coche y prenderán la calefacción y el aire acondicionado los de siempre, los que contaminan de verdad, y pagan por ello los pobres. ¡Ustedes nos tratan como imbéciles a todos! Si, en efecto, mandamos muchos gases sucios indestructibles a la atmósfera, empecemos por ustedes, no los quiero ver viajar en avión jamás, nada de comer carne de vaca (cagan sucio), tampoco encender la calefacción y el aire acondicionado en casa o fuera de ella, menos verlos por las ciudades en coche.
No sé, somos tan insignificantes a la hora de valorar toda nuestra capacidad, digo la de otros. La nuestra ya sé que está limitada a lo básico y elemental por mucho que algunos presuman de saber. Quien sabe, quien investiga, no tiene tiempo para perderlo opinando sin más. Un saludo.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

