¡Ay, sufridas amas de casa!
En plena canícula se les acumula el trabajo a las amas de casa y a los amos, que también, aunque en menor número, “haberlos haylos”. En esta época del año muchos españoles disfrutan de las merecidas vacaciones sin dar palo al agua. Mientras tanto, sus mujeres, sufridas amas de casa, dedican todas las horas del día, todos los días de la semana y todos los del año entero a sus “obligadas labores”. Sin tregua. Da igual que sea en época lectiva, que de vacaciones, que la casa sea la propia o alquilada para el asueto o hasta en el camping, donde también ocurre. No se libran de sus diarias “obligaciones”: hacer la colada, la cama, cocinar, recoger, fregar cacharros..., mientras los demás, muchas veces, entre tanto, se deleitan en carcajadas con sus juegos, chistes y charadas, sin ni siquiera hacer la compra ni mirar sin pena alguna a la esclava de turno, que no merece vacaciones. Claro que todo esto se soluciona yendo de relax a un hotel, pero eso está solo al alcance de unos pocos. Encima, para más inri, ellas, aun en vacaciones, han de hacer sus trabajos con sus hijos y el marido de por medio estorbando, y, al no arrimar estos el hombro, el trabajo no cesa de crecer, llegando a amontonarse. Ocurrido eso, el ama de casa ni tendrá tiempo para llorar sus penas. Ni siquiera podrá jubilarse cuando le caigan los sesenta y cinco abriles. Es más, no podrá pasar en toda su vida laboral ni una gripe en cama para poder recuperarse.
El cocinar es de los trabajos más desagradecidos del hogar, ya que siempre pueden decirte los comensales de turno aquello tantas veces repetido: “¿Cuándo está la comida? Te pasaste con la sal. Se te quemó un poco el arroz. Está muy pasado este filete. Quedó crudo el relleno de la empanada” y un sinfín de etcéteras más que muchas de las sufridas amas de casa soportan cada día.
Dicho lo dicho, y aun a riesgo de caer en suspicacias o enfadar a los no colaboradores o, incluso, sufrir algún atentado en mi jubilada figura, se me ocurre lanzar una recomendación a las amas de casa para que la apliquen en las próximas vacaciones, pues estas están finiquitando y es un poco tarde ya para aplicar recetas reparadoras.
Estimada ama de casa: en el próximo otoño, invierno y primavera, que no tendrá a su pareja ni a sus hijos en casa, ya que estarán en su trabajo y en el colegio, debería preparar una relación con todos los quehaceres de la casa. Luego repártala entre la querida familia que con usted convive. Ya asignados los quehaceres, funcionará todo mejor, y usted, amiga ama, podrá ir con ellos en las próximas vacaciones a disfrutar de un vermú, a pasear, a tomar el sol y a saborear la vida como ellos lo hacen. Eso sí, adviértales con tiempo que, si alguien no pela las patatas, no pone en remojo les fabes, no barre o no pone la lavadora, usted no podrá cocinar, limitándose a quedar de brazos cruzados al tiempo que espeta: “¿Qué pasa con las patatas? ¿Es que no habéis puesto les fabes en remojo? ¿Va a seguir la ropa amontonada sin meter en la lavadora? Pues muy bien, vosotros lo queréis así, en esta casa no se come hoy”.
Para disponer de ese tiempo libre para poder hacer la adjudicación de tareas, cuando le toque cocinar pollo no lo haga al estilo de la abuela: dorarlo en la sartén, cocinar la cebolla, la zanahoria, el ajo puerro, los pimientos, etcétera, luego pasar todo a una cacerola y regar todo el conjunto con vino blanco y agua a poco y a poco, pasándose tres horas mirando al pollo. No le dedique tanto tiempo a ese y a otros platos, no. En este caso, le recomiendo limitarse a colocar en frío en una fuente todas las hortalizas picadas, asentando encima los trozos de pollo. Luego salpimiéntelo todo, riéguelo con vino blanco y aceite y métalo al horno, previamente calentado a 200 grados, durante media hora. Al término de ese tiempo, dele la vuelta al pollo y revuelva un poco las verduras y hornéelo otra media hora más y quedará listo, además de sano y sabroso. Mientras el proceso discurre, usted se sienta en la mesa, hace la deseada lista de tareas para adjudicar a su compañero e hijos antes del próximo año -para que se vayan adaptando pueden empezar a practicar los fines de semana-, al tiempo que saborea un café o un vinito. Sí, mentalícese, hágalo así y verá cómo usted podrá disfrutar de la vida como los demás. ¡Sea valiente, se lo merece, claro que sí! ¿Qué si funcionará? ¡Vaya que si funciona!, ya lo verá.
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