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Espinosa, en el Hospital de Cabueñes

26 de Agosto del 2019 - Juan J. Alonso (Gijon)

Es absurdo estar orgulloso del sistema digestivo, del sentido del olfato o del funcionamiento del páncreas porque no hemos hecho nada para que nuestro estómago, nuestra nariz o nuestro páncreas funcione con esa perfección casi mágica (aunque sí podemos estar orgullosos de poner los medios para que el estómago, la nariz y el páncreas sigan funcionando bien). También es absurdo estar orgulloso de ser asturiano o camerunés porque ni los nacidos en Asturias ni los nacidos en Camerún han puesto nada de su parte en ese nacimiento. Creo que debemos reservar la palabra “orgullo” para aquellos logros individuales o colectivos que son resultado de un gran esfuerzo. Usted puede estar orgulloso de su dominio del inglés, pero todos debemos estar orgullosos del funcionamiento de ese gran logro colectivo que es la sanidad pública. El páncreas está muy bien, pero el Hospital Universitario de Cabueñes de Gijón es un orgullo.

No estoy orgulloso de cómo he tratado a mi corazón en estos últimos años, pero estoy orgullosísimo de cómo he sido tratado en el Hospital de Cabueñes mientras me arreglaban el corazón sin descuidar todo lo demás. En esos días de hospital tuve tiempo para observar y pensar. Y he observado que nuestra sanidad pública es una complicada máquina cuyas piezas son organización, recursos y profesionalidad. Si una de las piezas falla, la máquina se para. Pero en el Hospital de Cabueñes hay una organización tan perfecta como humana, unos recursos que damos por supuestos o no valoramos como se merecen y unos profesionales que devolverían la confianza en lo público hasta el partidario más radical de la privatización de nuestro sistema de salud. La organización y los recursos del Hospital de Cabueñes son motivos de orgullo para todos los ciudadanos, pero los profesionales harían babear de orgullo al mismo Baruch de Espinosa.

El filósofo Espinosa decía que se había empeñado en no ridiculizar, ni lamentar, ni maldecir las acciones humanas, sino en entenderlas. Mi conclusión tras unos días en el Hospital de Cabueñes es que los profesionales del hospital son espinosistas porque los celadores, médicos, auxiliares de enfermería, limpiadores y enfermeros jamás ridiculizarían a un paciente, ni lamentarían tener que cuidarlo, ni maldecirían las acciones humanas, sean cuales sean. Todos intentan entender y, luego, ponen lo que tienen que poner para que los pacientes estén bien cuidados, atendidos, escuchados, acompañados, aconsejados y curados. Qué orgullo.

¡Ah! Y la comida está muy rica.

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