Ryanair y las miserias (episodio 2)
A pesar de todas las miserias que despierta Ryanair en los países agraciados por su varita low-cost, una vez que has vencido sus correosos entresijos puedes lanzarte en plancha a disfrutar de destinos europeos maravillosos. Dicho de otra manera, su presencia en el panorama aeroportuario ha supuesto una democratización del placer de viajar, ahora al alcance de casi todos. Como el coche Seat 500 en su día para España, paliando las miserias de los bolsillos menos agraciados y elevando a normal algo que tenía categoría de cuasi lujo.
Aunque la versión más espartana de la navegación aérea no tenga programa de millas, ni asientos reclinables; a pesar de que te atormenten con correos promocionales diarios y no te dejen vivir con los extras, hay que reconocer que si a alguien le debe uno el calificativo de viajero frecuente es a Ryanair. Porque no nos engañemos: seguimos aprovechando y frotándonos las manos con ese Madrid-Londres ida y vuelta por 35 euros, casi lo que te cuesta el taxi o el Uber del aeropuerto al destino, si no menos. Es, esencialmente, un milagro y conviene que no desaparezca.
En efecto, no todo es desaliento. Sin ir más lejos, el servicio de control de calidad, que debe trabajar a destajo a fuerza de recibir quejas, ha conseguido pequeñas victorias pírricas para los pasajeros. Han quitado, por ejemplo, esa molesta fanfarria de hipódromo con la que te despertaban para venderte la lotería siempre que tuvieras la capacidad para dormirte en sus hieráticos asientos sin reclinar. Además, ahora enfatizan mucho en que se trata de "charity" y hasta mencionan las ONG locales a las que favorece tu encomiable ludopatía.
También pertenece al pasado ese tercer grado de inspección de equipaje de mano guardiacivilesco que te hacía sentir como una mula traficando dedales de polvo blanco justo antes de embarcar en el avión. Ya no ocurre, pero antes comenzaba a recorrerte un sudor frío cuando veías acercarse a esa empleada con rayos X en los ojos embutida en una camisa blanca ribeteada con los colores corporativos, el walkie talkie y ese chalequito fluorescente acelerador del pánico. Comenzabas a sudar preguntándole a tu cabeza si había dejado espacio de emergencia suficiente en la maleta para meter tu simple bolso de mujer antes de que te alcanzara el destino y la mujer corporativa clasificara tu maleta con esa cinta que la hacía parecer material radiactivo, enviándola directamente a la frialdad mortuoria de la bodega de carga con la consecuente espera de parto en la cinta del aeropuerto de turno.
Todo eso pertenece a la fortuna del pasado, y aunque conviene no olvidar que siempre se puede ir a peor, ello no obsta para reconocer las virtudes y los aciertos, que los hay, aun en el tempestuoso mundo de las low-cost; que han hecho casi tanto como el programa "Erasmus" por fortalecer las relaciones y estrechar los lazos entre europeos que, recordemos, hasta quien dice ayer (1945) estaban echándose tiros y bombas gracias al ingenio hitleriano.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

