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Magnífico concierto en la Cuevona de Ardines (Ribadesella)

28 de Agosto del 2019 - José Manuel Alonso Blanco (Oviedo)

El pasado 17 de agosto de 2019 se celebró un gran concierto de música de cámara en la Cuevona, situada encima de la entrada de las famosas cuevas de Tito Bustillo. Para acceder a la caverna hay que subir unos 300 peldaños. La vegetación es exuberante, parecida a la de un clima tropical.

Dentro de la gruta hay una gran sala donde está situado el escenario, con capacidad para 130 personas.

La sonoridad es buena y la humedad alta, un pequeño problema para los músicos.

Esta sala es majestuosa, amplia, con multitud de estalagtitas y estalagmitas, columnas, etcétera. Pero tiene una particularidad, pues posee una claraboya en lo alto, donde penetra la radiación electromagnética. A lo largo del concierto vimos cómo evolucionaba el espectro, hasta hacerse negro por la noche.

Nuestra situación fue privilegiada, pues estábamos justo al lado de los músicos. Vimos el ensayo previo, el cual ya nos indicaba el magnífico concierto que íbamos a disfrutar. Yo confundía a Dmitre (hijo) con Vladimir (padre), pero cosas veredes, como decía el Quijote. A las 8 de la tarde en punto, con el aforo completo, comienza el concierto musical.

Dmitri Makhtin es el primer violín y su padre, Vladimir Atapin, toca el violonchelo, además del compañero que toca el otro violín. La primera obra era de L. van Beethoven (1770-1829). Impresionaba el sonido de la viola y los dos violines. Una física acústica buena y el marco majestuoso, con la claraboya en el alto, yo la miraba y veía un triángulo equilátero, es decir, estábamos próximos a Dios.

En mis libros de la actual Primaria, los cuales conservo en su totalidad, Dios es humano y lleva un triángulo en la parte superior de la cabeza. También me fijé mucho en la relación música versus radiación electromagnética, pues la noche se nos echaba encima.

El marco es incomparable, mi hijo Gonzalo (minusválido) pero que sube con alegría los 300 peldaños, siempre me dice que es increíble que la geología, es decir el agua, pueda hacer esas maravillas.

Le hablo del carbonato, bicarbonatos, la molécula de agua (con sus pares de electrones), etcétera. Él disfruta con mis explicaciones y yo dándoselas, pues hay algo más grande en el mundo que enseñar a un hijo a ser un ciudadano (no súbdito) de bien. Gonzalo me dice que hay algo parecido que es nuestra fiesta de “les piragües”, ante esto la callada por respuesta.

La segunda obra del concierto fue de A. Dvorak (1841-1904), quinteto para dos violines, violonchelo y contrabajo en sol mayor. Es decir, una gozada.

Al finalizar el concierto la ovación fue de las que hacen época. Un gran éxito de los rusos, que en su intimidad hablan su idioma, para mí muy complejo y difícil de aprender.

Ribadesella infinita lo tiene casi todo, concha de Santa Marina, ría, río Sella, cuevas (Tito Bustillo, la de Cueves), etcétera.

En fin, en fin, Ribadesella bipolar (algunos no lo entienden), pero ojo al dato, infinita.

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