Agradecimiento a la sanidad pública
Soy trabajadora de un centro de salud de Oviedo y firme defensora de la sanidad pública desde hace muchos años.
Confieso que, en el ejercicio de mi profesión, he criticado en múltiples ocasiones el funcionamiento de algunos servicios de nuestro Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), por sus listas de espera y su deficiente organización.
Asumiendo que los recortes económicos han hecho estragos y que todo es susceptible de mejora, considero de justicia poner en valor todo aquello que funciona bien, y ese es el motivo de mi carta.
En el último mes mi familia y yo hemos vivido una auténtica pesadilla con motivo de la enfermedad de mi único hermano, Juanjo, de 63 años.
Su mujer, Chelo; sus hijas, Andrea y Aida, y yo queremos agradecer las atenciones, el cariño y los esfuerzos que tantos profesionales hicieron para mejorarle.
Empezaremos por todo el personal del Centro de Salud de Llanera y, especialmente, por su médica de familia, la doctora Dolores González Corral, y su enfermera de cabecera, doña Arancha González Álvarez. Seguiremos por el personal de la UVI móvil de Oviedo, tan rápidos como eficientes, al tiempo que tranquilizadores y cercanos. Siento no recordar sus nombres, pero hicieron el servicio el lunes 22 de julio a las 15.15 horas.
Ya ingresado en el HUCA, hemos de agradecer la labor de todo el personal sanitario y no sanitario, que le atendió en Urgencias, en Neurología, en la Unidad de ictus (donde ingresó en dos ocasiones), en Radiología, en Neurorradiología intervencionista (con dos intervenciones muy complicadas), en Rehabilitación, en la UCI 4 (con dos ingresos bien complicados) y en Cirugía Plástica.
Desde la celadora que le movió por el Servicio de Urgencias, doña Fredisbel, hasta el que le condujo finalmente a Mortuorios, desde los auxiliares de Enfermería que vigilaban su aseo y sus comidas, los profesionales de Enfermería que administraban su medicación, cuidaron de su estado y ayudaron en las complicadas intervenciones, los fisioterapeutas que trabajaron para recuperar sus andares, hasta todo el personal médico que intentó, por todos los medios, recuperar su salud y vencer su grave enfermedad, mi hermano fue tratado con respeto, con exquisita profesionalidad y con extremada sensibilidad.
Toda la familia fuimos informados con rigor y cercanía en todo momento y ante las múltiples complicaciones que surgieron.
Al final no pudo ser, mi hermano falleció el 23 de agosto. Sabemos que no pudieron hacer nada más y eso nos reconforta.
Sentimos no poder nombrar a todos, porque todos merecen nuestro agradecimiento y voy a personalizarlo en aquellos con los que tuvimos más trato: la doctora Lorena Benavente, de Neurología, profesional humana, sensible y luchadora, junto con varios de los médicos residentes a su cargo. Los doctores Juan Chaviano y Pedro Vega, de Neurorradiología intervencionista, que llegaron a hacer el milagro de devolver la vista a Juanjo, cuando se quedó ciego por dos trombos. Y, por último, a la doctora M.ª José Espina, de la UCI 4, por su comprensión y ayuda en las últimas horas de vida de mi hermano.
Eternamente agradecidos por vuestros esfuerzos, profesionalidad, cercanía y cariño.
Para terminar, quisiera añadir la reflexión que hemos hecho toda la familia, a lo largo de este fatídico mes: si no existiera la Sanidad pública, entre todos no lograríamos reunir el dinero suficiente para pagar todas las atenciones y técnicas que se realizaron para tratar de mejorar a Juanjo. Y nadie nos pidió nada ni escatimó esfuerzos.
¡Cuidemos nuestra Sanidad! En ello puede irnos la vida...
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