Evelyn

3 de Septiembre del 2019 - Marcelo Noboa Fiallo (Gijón)

Casi tres años ha permanecido en una cárcel inmunda de San Salvador (como son la mayoría de las cárceles de la América Latina) Evelyn Hernández. Entró con 18 años, después de ser violada sistemática y continuamente. No pudo denunciar a su agresor porque la amenazó con matar a su madre. No pudo evitar quedarse embarazada, pero tampoco pudo evitar que el embarazo llegara a su fin. En abril del 2016 sintió dolores abdominales y en la miserable letrina de su infravivienda sufrió sangrado, se desmayó y le devino un parto extrahospitalario con resultado de muerte del feto. Su madre la trasladó al hospital y los médicos determinaron que había abortado.

A partir de ese momento empieza su segundo calvario: detención y juicio. Un juez la condenó a 30 años de prisión (la fiscalía pedía 40), a pesar de que la autopsia practicada al feto de 32 semanas indicaba que la muerte había sido consecuencia de una "neumonía aspirativa". El feto había nacido muerto, pero las leyes fundamentalistas, de aroma insoportablemente machista, en contra de la mujer que rigen en El Salvador (como en otros países de América Latina) una vez más se cebaron en esta humilde mujer sin recursos ni apoyos sociales.

La Corte Suprema del país anuló la sentencia en 2018 gracias a la presión del incipiente colectivo feminista, organizaciones humanitarias, la internacionalización de la noticia y la tenaz implicación de su abogado. Evelyn todavía tuvo que permanecer un año más en prisión, hasta la celebración del nuevo juicio. Otras 49 mujeres continúan en prisión acusadas por el mismo delito.

Los embarazos no deseados están a la orden del día, en cualquier país del mundo, pero con especial incidencia en aquellos donde la educación sexual brilla por su ausencia y se ceba en las clases sociales menos favorecidas, donde la incultura, la falta de recursos, cierran las puertas a soluciones de las que sí disponen las clases pudientes. ¿Alguien piensa que las jóvenes y mujeres con recursos económicos medios/altos de El Salvador no abortan? Tienen a su disposición aviones y clínicas en los EE UU donde resuelven su problema, mientras sus padres pueden vociferar en las calles de El Salvador bajo las pancartas "Próvida". (De esto en España sabemos mucho. Es lo que ocurría en la dictadura franquista).

Cuando se sigue distinguiendo entre países del Primer Mundo y Tercer Mundo no sólo se apela a sus estructuras económico/sociales, sino a la carencia o famélicos derechos civiles, entre los que se encuentra el derecho al aborto. No es difícil encontrar, por ejemplo, que los mismos que salen con las pancartas "próvida", son los mismos que se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo, a las leyes de Igualdad de Género, a los movimientos LGTBI o al derecho a una muerte digna. Esto es lo que aleja a estos países del Primer Mundo y los emparenta con el yihadismo islámico. Evelyn ha sido "lapidada psicológicamente" como a diario ocurre con otras mujeres y niñas de Centro y Sudamérica. Hay muchas Evelynes..., demasiadas, que recorren las "venas abiertas de América Latina".

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