Démonos respuestas... unos a los otros
Alrededor de un periódico, dentro y fuera, entre autores y lectores de la palabra, hay una pasión compartida, la necesidad de concebir ideas, enfoque al acontecer, respuesta a los interrogantes y... en algún caso, quizá en escasas ocasiones, el camino de escape, la salida del túnel, la respuesta crucial. Sin embargo, ¿quién puede abrazar tanto poder? No obstante, intentarlo no ha de ser menospreciado por más que el intento sea florido y brillante o torpe y débil. Intentarlo está en la genética del ser humano más humano, más comprometido, más arriesgado, más generoso.
Porque yo también aspiro a eso, una vez más me atrevo a sugerir un esfuerzo en la participación, no en la cantidad, sino en tratar de animar a unos y otros. No importa que no seas una persona representativa, yo solo soy una voz, pero esa voz puede ser como la del comandante sin nombre que arenga en la batalla, o el profesor olvidado que dejó su sello en el alma de la generación que estuvo en su aula. Y esa voz es también la tuya, la del periodista que habla con riesgo desde su propio corazón, o la del lector que se expone al ridículo pero responde, que comparte porque ama a su semejante.
Hoy os dejo esta reflexión: "Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos. Quizás alguna vez ellos también te inviten a ti en cambio, y esto llegue a ser tu pago correspondiente. Pero cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás feliz, porque ellos no tienen con qué pagártelo. Pues se te pagará en la resurrección de los justos" (Lucas 14:12-14).
¿Acaso no está el mundo entero en peligro, en necesidad de respuestas, más aún que en necesidad material? ¿Acaso no estamos aquí en nuestra tierra, con un país en la UCI, los sanitarios en huelga y los cirujanos exigiendo más y más dinero? ¿Cómo presentar batalla nosotros -los desarmados- a los ladrones de territorios, banderas o carteras, a los okupas, a los incendiarios, a los violadores y asesinos?
Yo aporto lo que tengo, una esperanza: "Solo un poco más, y los malvados ya no existirán; mirarás adonde estaban y ya no estarán allí. Pero los mansos heredarán la tierra y hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz" (Salmos 37: 10,11). "Pero oí una voz fuerte que salía del trono y decía: "¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad. Él residirá con ellos y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos. Y les secará toda lágrima de sus ojos, y la muerte ya no existirá, ni habrá más tristeza ni llanto ni dolor. Las cosas anteriores han desaparecido". (Apocalipsis 21:3, 4)
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